Alfonso de Portago, 61 años del mito en el automovilismo español

Mientras en el circuito de Montmeló este sábado Carlos Sainz Jr. y Fernando Alonso pelearán por conseguir un puesto destacado en la parrilla de salida del Gran Premio de España, el automovilismo español vivirá una fecha importante en el recuerdo. Se cumplirán 61 años de la muerte de Alfonso Cabeza de Vaca, el último Marqués de Portago. Un personaje mítico, envuelto en la leyenda de "playboy"de la época, y que fue el mejor piloto español conocido hasta la llegada de las nuevas generaciones.

Piloto oficial de Ferrari, aunque también para otras marcas de prestigio como Maserati u Osca, "Fon"fue uno de los pilotos más cotizados del panorama mundial en los años cincuenta y cuenta en su palmarés de victorias tanto en circuitos como en pruebas de carretera abierta tan importantes como el Tour Auto de Francia en el año 1956 cuando venció a los mandos de un Ferrari 250 LWB. Destacado corredor también de carreras míticas, como la Panamericana o el G.P. de Cuba. La importancia mundial de Portago fue tan grande que su muerte en un accidente, mientras disputaba las Mille Miglia italianas de 1957, provocó la suspensión de la prueba, que nunca volvió a celebrarse en su formato de entonces.

Todo en "Fon"era una leyenda. Desde sus inicios en especialidades deportivas como el Bobsleigh, una actividad impensable para los españoles y donde consiguió destacados resultados, hasta sus apuestas para pasar con una avioneta por debajo de un puente sin ninguna experiencia en vuelo... pero que logró superar a riesgo de su vida. O sus conquistas amorosas y su último romance con la artista mexicana Linda Christian.

Su muerte reunió todos los ingredientes de una película romántica. La carrera de las 1000 Millas era una prueba en carretera abierta que los pilotos abordaban sin parar en el recorrido Brescia-Roma-Brescia. Portago tomó la salida con la "barchetta"Ferrari con el número 531. Es decir, salió a las cinco y treinta y uno de la mañana desde la plaza central de Brescia. Al pasar por Roma, había pactado que Linda Christian le esperaba en la confluencia de dos calles por las que discurría la competición. Portago freno el coche y Christian se aproximó para darle un largo beso de despedida. Una escena propia de Hollywood. "Fon"arrancó a toda velocidad y, al parecer, tocó un bordillo con la rueda delantera, lo que dobló ligeramente una de los brazos de la suspensión. A pocos kilómetros de la llegada, en una parada rutinaria de asistencia, los mecánicos le advirtieron de esta avería. Portago iba segundo en la competición a aproximadamente medio minuto del primero. Decidió seguir apretando a fondo para conseguir el triunfo.

No pudo ser. La pieza cedió a la entrada de un pueblo. El coche se desequilibró, derrapó de la parte posterior, se salió de la carretera y voló hacia unos árboles donde muchos lugareños veían el pasar de los coches. Además de una docena de espectadores, el mismo y su copiloto Nelson murieron de manera instantánea. Murió Portago. Nació un mito en el automovilismo español.