Inmigraciones ilegales masivas

La Razón

Tras contemplar el espectáculo del buque Aquarius con sus 629 inmigrantes procedentes de 26 naciones africanas y asiáticas –ninguna en guerra abierta– me arriesgare con este tema que tantas emociones despierta. Ninguna de estas personas procedía de Siria, Irak o Yemen por lo que su motivación para tratar de entrar en Europa por medios ilegales, supongo, respondía principalmente a razones económicas; a querer mejorar su nivel de vida. Nuestro recién estrenado Gobierno tuvo un gesto –claramente inspirado en los sentimientos populares– tratando más de aumentar su popularidad que en contribuir a resolver el grave problema de las emigraciones masivas descontroladas hacia una Europa sin fronteras internas. Como prueba de lo fútil del gesto, en los días siguientes al desembarco orquestado en Valencia para estos inmigrantes, llegaron miles más a los puertos españoles. El factor humanitario en estos hechos es muy importante pero no es el único que deberían contemplar los gobiernos europeos; no habría pues que minusvalorar su carga negativa tanto en nuestras economías como sobre la necesaria solidaridad interna de la Unión Europea (UE). Tratando de conjugar estos tres factores –humanitario, económico y de cohesión europea– me atreveré a apuntar un esquema de posible solución. No será fácil, ni rápida, aunque si imagino, factible. Solo una observación previa acerca de los aspectos humanitarios que tanto nos obsesionan: los que ponen en riesgo sus vidas y las de sus familias no somos los europeos, sino los propios inmigrantes ilegales.

Ninguna nación será capaz de sobrevivir si no controla sus fronteras exteriores. La UE tampoco podrá resistir la llegada sin control de millones de inmigrantes. Lo preocupante no es tan solo el nivel presente de inmigración ilegal, sino el aumento potencial de la misma. Si gran parte de África –con sus actuales índices de crecimiento demográfico– y varias naciones asiáticas se vaciaran en Europa, esta colapsaría empezando por su sistema hospitalario y de seguridad social. Controlar fronteras no es sinónimo de cerrarlas; pero añadiendo súbitamente millones de personas habrá que aceptar que en algún momento no seremos capaces de asimilarlos. Creo que la situación es tan potencialmente peligrosa que la UE debería utilizar sus Fuerzas Armadas para estabilizar estas llegadas masivas incontroladas. Pero no como hasta ahora tratando únicamente de salvar vidas con un puñado de buques –militares y de otros organismos estatales– que acaban desembarcándolos en nuestros puertos, que al fin y al cabo es lo que pretenden los inmigrantes económicos. La operación que propongo –tras rescatarlos del mar– acabaría devolviéndolos a sus países de origen. Para ello habría que conseguir que ciertas naciones del Magreb cedieran temporalmente algunas instalaciones portuarias y aeropuertos cercanos, con capacidad para alojar en ellos los inmigrantes ilegales rescatados, clasificarlos por naciones de origen y a continuación devolverlos por vía aérea bajo control militar. La seguridad de estas instalaciones debería ser mixta –nación anfitriona y UE– con efectivos militares. Como apoyo a estas instalaciones africanas podría preverse otras en territorio europeo –con un status parecido al de las zonas francas–, pero solo para ser utilizadas en caso de saturación o emergencia en las primeras.

Las ONGs marítimas que vienen actuando en toda esta tragedia –por bienintencionadas que sean– sufren la fuerte tentación de ponerse de acuerdo con los traficantes de personas al ser su único cometido salvar vidas ¿Por qué dejar al albur el encontrar una patera cuando con una simple llamada telefónica a las mafias puedo saber dónde y cuándo localizarla? Pienso por lo tanto que nuestras futuras operaciones marítimas ampliadas deberían excluir a estas organizaciones por vía judicial, lo que algunas naciones europeas mediterráneas están ya intentando. Pero esta prohibición debería extenderse ahora a nivel comunitario.

Como disuasión, cuando un inmigrante es devuelto a su país de origen, debería exigírsele satisfacer la cantidad económica correspondiente a los gastos medios de rescate/devolución antes de que vuelva a intentar entrar otra vez –aunque sea legalmente– en la UE. Complementariamente, la UE debería establecer en África oficinas que facilitasen cuotas de inmigración legal en proporción al número de ilegales devueltos buscando a las personas que puedan colaborar con las economías europeas.

Todos los marinos militares desean que se les ordene salvar vidas en la mar. Esto es además muy popular ante la opinión pública nacional. Establecer una operación que salve vidas, pero luego los devuelva, no será nunca tan satisfactorio, pero sin embargo es más propio de la naturaleza de las Armadas y de sus medios coercitivos propios. Nuestros gobiernos –especialmente el del Sr. Sanchez– deberían intuir que la popularidad de estas misiones humanitarias puede empezar a disminuir rápidamente cuando los votantes empiezan a percibir que pueden acarrearles perjuicios sociales y laborales. Además en el seno de la UE, una operación de salvamento/devolución podría ser aceptada más fácilmente que una solo de salvamento por aquellas naciones del Este que tienen problemas con las cuotas de inmigración al ver peligrar su cohesión nacional. Y militarmente la envergadura y complejidad de una operación como la propuesta, que involucraría a unidades de los Ejércitos de Tierra y Aire europeos –junto a las de las Armadas– sería más propio del carácter militar de los mismos y de sus medios orgánicos. Los ejércitos son mecanismos para obedecer y ser obedecidos –aunque pierdan popularidad– especialmente cuando la estabilidad nacional y colectiva europea están en juego.