Opinión

Emboscada presupuestaria

El acuerdo sobre los Presupuestos Generales del Estado para 2019 suscrito entre Pedro Sánchez y un Pablo Iglesias, que intentaba parecer vicepresidente, no pasará a la historia de la economía. Sin embargo, es posible que encuentre un hueco en los manuales electorales de la propaganda política, aunque todo dependerá del resultado que obtengan en los próximos comicios –sean cuando sean– PSOE y Podemos. El único objetivo de ese pacto es despejar el horizonte electoral de ambas formaciones. Mejor dicho, de quien –socialistas o podemitas- sea capaz de apuntarse los tantos de las medidas populares consensuadas, con independencia de que se apliquen o se queden en una declaración de intenciones. Ahora, la artillería del PSOE y la de Podemos se concentra en demonizar –sobre todo al PP y a Ciudadanos– a quienes rechacen el acuerdo con el argumento, demagógico pero que puede ser eficaz, que están en contra de medidas que benefician a una gran parte de los ciudadanos y, sobre todo, a los más desfavorecidos.

Los puntos estrellas del pacto Iglesias-Sánchez –en este orden porque el que ha decidido es el líder de Podemos–, desde un salario mínimo de 900 euros a la subida de las pensiones al ritmo del IPC, son medidas diseñadas para tener gran acogida popular y que sea muy difícil, desde el punto de vista social e incluso conceptual, rechazarlas. El que lleguen a aplicarse es algo secundario porque si no se consigue, permitirá acusar de impedirlo a los adversarios políticos.

El pacto entre Iglesias y Sánchez es tan hábil como difuso. Ni tan siquiera incluye un cuadro macro, ni una previsión creíble de gastos e ingresos. Tan solo enumera una retahíla de gastos, pero no detalla cómo se financiarán. Todo era tan vago que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, tras negociar con Pablo Echenique casi partida a partida, se ha visto obligada a que sus equipos hicieran encaje de bolillos durante todo el fin de semana para que el Consejo de Ministros de mañana lunes pueda alumbrar algo parecido a un Proyecto de Presupuestos para enviar, como es preceptivo, a Bruselas. La oposición confía en que las autoridades comunitarias tumben esas cuentas, pero no esta claro, ni mucho menos. Lo único evidente es que Iglesias y Sánchez, con habilidad, han alumbrado un pacto útil para ellos, que es una emboscada para la oposición e incluso también para una parte de la sociedad que, de buena fe, piense que se van a resolver muchos de sus problemas.