Las mascarillas
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S i ahora me dicen que tengo que llevar mascarilla ¡ahora, a estas alturas de la película! pido hora a mi psiquiatra. Ayer mismo, en el súper, la gente se me cruzaba bien pegadita (la tienda es pequeña) sin protección ninguna, completamente confiados en la palabrita de Fernando Simón.

No sé si flipar más con la OMS o con nuestro Gobierno. Porque hay que ver lo que nos hemos esforzado los que somos de letras en entender que la «gota» de la mucosidad que transporta el virus es de tamaño medio, que cae al suelo porque pesa relativamente, que una distancia de un par de metros garantiza la seguridad interpersonal y que las mascarillas sólo nos incitan a tocarnos la cara y llevarnos a ella las manos contaminadas… ¡pues no! Que resulta que ahora el virus se transmite en gotas más pequeñas (aerosoles) y que se queda en el aire y que hay que llevar siempre las mascarillas. Lo ha anunciado la OMS y lo va a hacer obligatorio Sánchez.

Los chinos han llevado todos mascarillas todo el tiempo ¿a quién se le ha ocurrido que la segunda economía del mundo está guiada por tontos? No me extraña nada que los adolescentes piensen en un complot para explicar lo que está ocurriendo. Los pobres no pueden imaginarse la magnitud de la estupidez humana. Para los que tenemos esa cosa tan esnob de la «mediana edad» es diáfano todo. Sí, hijo mío, sí es posible, perfectamente posible, que la OMS y España estén guiados por ineptos.