“El linchamiento de un Rey”

Estos nuevos y despechados familiares del Santo Oficio lanzan alegatos sobre comisiones y fortunas fabulosas. No importa la desmesura del disparate

La Razón

Durante mucho tiempo se aseguraba que había un silencio alrededor de Don Juan Carlos. Era un tópico escuchar que La Zarzuela influía, controlaba o impedía que se publicaran noticias negativas, aunque la realidad es que sí salían en periódicos, revistas y libros. Era una fábula que gustaba mucho a la izquierda antisistema. No hace tanto que irrumpió la ambiciosa y despechada Corina en nuestras vidas, aunque es verdad que se había hablado e insinuado sobre la vida sentimental del Monarca. Lo empezaron a decir algunos que tenían, además, vidas personales desordenadas, dicho irónicamente, por no decir que saltaban de cama en cama. Es algo muy común «ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio». Era sorprendente escuchar a esos saltimbanquis del corazón hablar del jefe del Estado con esa familiaridad. No había ningún secreto que no estuviera a su alcance. El problema era que el Rey no podía bajar al barro mediático o político para desmentirlo. A esto se añadió el «síndrome Disney», me gusta llamarlo así irónicamente, por el que Dumbo es una realidad incuestionable y se supo que había matado un elefante en Botsuana.

Por supuesto, estuvo el linchamiento de Urdangarin que pasó de gozar del Olimpo a habitar en el Hades. Y sigue instalado en ese inframundo donde es tratado peor que cualquier preso independentista o terrorista. Un delito fiscal, bastante cuestionable, fue conducido por la vía penal dentro de una campaña tan inmisericorde como hipócrita. Algunos que le hacían la pelota se convirtieron en sus críticos más feroces. Una vez más asistí asombrado ante la irrupción de «expertos» en derecho penal y tributario que bebían del manantial del saber universal en que se ha convertido Wikipedia. No me olvido, por supuesto, que algunos de estos frívolos enciclopedistas eran defraudadores fiscales o cobradores en negro que pontificaban sobre la integridad. No pensaba escribir sobre el incorrectamente denominado rey emérito, pero estoy leyendo y viendo intervenciones que reflejan una enorme mezquindad. Es curioso que periodistas y comentaristas que han sido agasajados «principescamente» por empresas e instituciones den lecciones de ética y moral. ¡Como nos gusta la Inquisición! Estos nuevos y despechados familiares del Santo Oficio lanzan alegatos sobre comisiones y fortunas fabulosas. No importa la desmesura del disparate. Don Juan Carlos debe tener una fortuna que eclipsaría a Getty, Rockefeller, Vanderbilt o Gulbenkian. Y creo que no lo sabe.