La llevan en volandas

El desafío de Isabel Díaz Ayuso a Pedro Sánchez, citándole en corto y por derecha, define perfectamente el rasgo de carácter más notable y afilado de las elecciones del cuatro de mayo

Jesús Hellín

En primavera electoral se dispara la demagogia con la misma insistente regularidad con la que el polen coloniza el aire y machaca a los alérgicos. Es ésta una mirada muy urbana, sí, se lo concedo, pero es que la pugna electoral tiene más de disputa urbanita que aspira a moqueta que de carrera contra el viento por hacerse con la generosa gestión de lo público. La batalla electoral, por muy local que sea, se libra con medio ojo mirando a casa y el otro ojo y medio a la política nacional que ejercen los partidos que se presentan. Salvo alcaldes con personalidad muy definida o candidatos locales de probada gestión y cercanía, es el peso de los partidos que les avalan lo que casi siempre inclina más la balanza. Seguro que algún sociólogo con más criterio y conocimiento que un servidor me ajustaría esta cuenta con cifras y letras, pero esta mirada de puro observador –que, como todas las que uno plasma aquí, puede ser equivocada– se me atornilla y acrecienta en cada elección. Ahora con Madrid, casi definitivamente.

Ya tuvimos hace semanas el aperitivo de la disputa fascismo comunismo como males inevitables que traería el adversario. Pero deben de haberse dado cuenta del exceso verbal y hemos pasado ahora a otros desafíos. Fundamentalmente alrededor de la Covid. La demagogia planea como la primavera, pero parece como si se aletargara ante la consistencia sonora de esa otra batalla que trasciende ampliamente los límites de Madrid.

Ya hasta la candidata a una victoria histórica para los populares se planta en jarras no ante el adversario socialista local, sino frente al jefe supremo. Del partido y del Gobierno. El desafío de Isabel Díaz Ayuso a Pedro Sánchez, citándole en corto y por derecha, define perfectamente el rasgo de carácter más notable y afilado de las elecciones del cuatro de mayo. Si en cualquier elección local o autonómica el peso de los partidos nacionales –quizá con la excepción de territorios con tradición autonomista– es grande, en ésta lo que se juega sobre el tablero de Madrid es la hegemonía de la izquierda o la derecha como punto de partida para reconquistar la Moncloa o mantenerse en ella.

Pero hay más en esta ocasión sobre el tablero. Algo que tiene que ver con los peculiares rasgos políticos de uno de los protagonistas principales, Isabel Díaz Ayuso. La candidata presidenta ha desarrollado una personalidad propia, de carácter singular y peleón, partiendo –y eso si que es un mérito político– de un desconocimiento o hasta desprecio de los adversarios y alguna prensa, que aún hoy se resisten a reconocer pese a la evidencia de su popularidad y el éxito de las encuestas. Arranca, por tanto, desde una posición en la que no es extraño que levante los ojos en su desafío sobre la línea del señor Gabilondo e incluso del ex vicepresidente Iglesias.

La batalla de Madrid ya no es que vaya más allá de la comunidad o los municipios, es que además de componer un paisaje con figuras en el que los bloques se reafirmen o no, puede suponer también el principio de un interesante movimiento dentro de la propia derecha española. No es que Ayuso vaya a poner en cuestión el liderazgo de Casado, sobre todo con un resultado que le permita continuar, es que en su partido y desde la base, la van a llevar a Génova en volandas.