Un monumento a Marisa Paredes

Empezó la señora Paredes, en el programa «Liarla Pardo», precisamente, insultando a Isabel Díaz Ayuso

Álex Zea Europa Press

Los contribuyentes podríamos pagarle un monumento a Marisa Paredes, porque pocas personas nos han defendido tanto y tan bien como la destacada actriz española. Sé que fue denostada por la derecha, pero la derecha, no todo es Díaz Ayuso, no siempre acierta.

Empezó la señora Paredes, en el programa «Liarla Pardo», precisamente, insultando a Isabel Díaz Ayuso. La llamó «impresentable», sugirió que presta atención «solo a los bares», y lamentó que España viva tanto del turismo. Colaboró así, junto a otras voces progresistas estupendas, a aumentar el respaldo espectacular que pronto iba a cosechar la candidata del PP entre las trabajadoras de la Comunidad de Madrid.

No contenta con esa gran ayuda brindada a la causa liberal, poniendo negro sobre blanco el desprecio paternalista habitual de la izquierda hacia la clase obrera, doña Marisa se dedicó a hablar de impuestos, y, otra vez, lo hizo francamente bien.

Empezó con esta reprobación a la presidenta madrileña: «Dice todo el rato que salva la economía y no da un duro». La expresión condena hábilmente el pensamiento antiliberal: no nos ganamos nuestro dinero, sino que el poder nos lo da y, evidentemente, no puede darnos nada que no le haya arrebatado antes a las mujeres trabajadoras. Para que el poder dé cosas sin quitarle a nadie debe suprimir obstáculos, como hizo Díaz Ayuso permitiendo la apertura de los teatros en Madrid, lo que le valió el agradecimiento de Nacho Cano.

Siguió doña Marisa con finura pidiendo más impuestos para «los ricos». Ella sabe perfectamente que los Estados modernos son tan grandes que nunca podrían financiarse con el dinero de los ricos. Su comentario, por tanto, incide en la flagrante injusticia de unos Estados que usurpan masivamente los bienes de la mayoría del pueblo.

Y terminó de una manera deslumbrante, exigiendo que se baje el IVA de la cultura. Le llovieron críticas cuando debió recibir ovaciones por su afilada y socrática ironía. Una alusión a esa frase, algo así como: «Quiero que me bajen los impuestos, y que se los suban a los demás», debería figurar inscrita en la estatua que le financiaremos los contribuyentes por suscripción popular. En efecto, doña Marisa Paredes denunció sutilmente el intervencionismo que muchos otros artistas insolidariamente aplauden.