Cartas desde Singapur: Con el agua al cuello

Varios albañiles trabajan en la construcción de un edificio de Valencia
Varios albañiles trabajan en la construcción de un edificio de ValenciaAna EscobarEFE

Mi situación actual es bastante puñetera. Hace ya casi un año aterricé en Singapur para cursar un Máster. Lo acabo de terminar y ahora avanzo en la búsqueda de trabajo. Al mismo tiempo, mi cuenta corriente desciende. Empieza a tener eco. Un amigo que ha viajado a Madrid por unos meses me ha alquilado su piso a mitad de precio ¡Benditos amigos!

¿Cuántos sueños habrán saltado por los aires de gente cuya situación laboral no les haya permitido costearse una vivienda? ¿Cuántos planes han muerto en la orilla por no poder afrontar el pago del alquiler? ¿Qué hacer cuando más de la mitad de tu sueldo se evapora sin dejar más rastro que un justificante de transferencia? Sueldos bajos y alquileres prohibitivos son una mezcla peligrosa. Casi letal. No sería un gran esfuerzo imaginar que alguien espetase: “¡Que se lo curren, que a ninguno nos lo han regalado!”.

Creo firmemente que, sin desacreditar la interjección, existen opciones que al menos merecen ser exploradas. La creación de más vivienda pública es una de ellas.

Cuando llegué a Singapur me sorprendió descubrir que su parque de vivienda pública alberga al 80% de la población. Unos tres millones de personas. Soy consciente que no puedo esperar que España alcance esas cifras, pero sí creo que debe cerrar la brecha con la media europea. Según datos de Eurostat, en 2020 teníamos menos de una vivienda pública por cada cien habitantes. La media europea estaba en cuatro para el mismo periodo.

Claro que es un tema que no viene ausente de controversia: ¿quién ha de tener acceso a ella? ¿Quién lo financia? ¿Dónde se construye? ¿Cuánto se ha de esperar? ¿De quién es la competencia? Muchísimos interrogantes que espantan a los legisladores y hacen que terminen por abstenerse de abrir la caja de los truenos.

Para poder establecer una comparativa entre España y Singapur habría que entender primero las diferencias entre nuestro sistema de pensiones y su Central Provident Fund, la propiedad del suelo, el sistema de hipotecas... Aquí, por ejemplo, la tierra es del Estado y el crédito de acceso a la vivienda pública se adquiere con el país; no con un banco. Otro elemento por destacar es que, a la hora de afrontar el pago de la hipoteca, la mensualidad se ajusta al sueldo conjunto de los residentes.

Por ejemplo, a un interés anual del 2.60% a 20 años para una pareja que percibe entre ambos lo equivalente a 3.700€, el pago mensual para un piso de 3 dormitorios sería de 1.000€. Si la pareja percibiese 1.245€ el pago mensual de la hipoteca para el mismo piso sería de 340€. Un 27%. Alrededor de un cuarto de los ingresos totales del domicilio. Eso permite vivir. Ahorrar. Crecer. La vida es difícil de por sí. ¿Por qué hacerla más complicada? Si tenemos en nuestro poder la opción de ayudar a los ciudadanos a que no anden con el agua al cuello, ¿por qué no lo hacemos? Si la vida te da calabazas, que el Estado no te las de también. Hagamos de ser español un baluarte. Nuestra gente lo necesita y lo merece, pero admitámoslo: no es nada fácil vencer la inercia inmovilista de las administraciones.

La escasez de territorio ha llevado a esta locomotora asiática a adquirir soluciones muy innovadoras y extinguir así el fantasma de la especulación inmobiliaria. Tampoco son iguales los recursos económicos a los de nuestro país. A Singapur por deuda extranjera no le viene nada desde 1995. Su deuda soberana de poco más de 400 billones de dólares americanos dedicada a inversiones estratégicas genera un retorno de inversión que hace que su hoja de balance sea de las más robustas. Es un país que genera beneficio.

Se pueden permitir financiar sus propias promociones inmobiliarias y ponerlas a disposición de la gente. Esto lo hacen a través de una empresa pública llamada Surbana Corporation que cuelga del House Development Board. Dependiendo del nivel de urgencia por acceder a la vivienda, la espera puede ser de unos cuatro meses - Sales of Balance Flats, que son pisos que no se han conseguido colocar en el mercado o que se han reintroducido en el mismo - o de tres a cuatro años si es un piso de nueva construcción Built to Order.

En España estamos obligados a explorar los desarrollos público-privados, aquí desestimados desde el 2018. Es el caso del plan Vive lanzado por la Comunidad de Madrid e ideado por el viceconsejero de vivienda José María García. Este implica la transformación de suelo demanial, público, en suelo de vivienda a desarrollar por una empresa privada. Esta se verá obligada a ceder ciertas unidades para destinarlas a vivienda protegida y otras tantas a vivienda social. El pasado nos ha hecho dudar de dichas colaboraciones, pero hoy en día no veo otra opción, siempre que existan los controles adecuados, si no queremos incrementar nuestra rezumante deuda.

En Singapur pueden acceder a la vivienda pública exclusivamente los singapurenses y los que tienen permiso de residencia. Nadie más. Otro gran escollo que impide a nuestro país avanzar en estos asuntos. Enseguida aparecen los fantasmas de la inmigración y de la ética farisea. En este caso, y tras ver el bien que le hace a el país este sistema, me inclino por limitar el acceso a dichas promociones a los nacionales del país y a los que, no siendo ciudadanos de la Unión Europea, posean el permiso de residencia de larga duración.ç

No creo que sea un sistema compatible con la barra libre. Cuando se accede a un lote de nueva edificación, Singapur exige que se resida en el piso adquirido durante un mínimo de cinco años antes de poder venderlo, alquilarlo o de comprar otra propiedad. Si no vives en la casa, el contador que comienza desde que te entregan las llaves, no corre.

Una cosa con la que muchos no estarán de acuerdo es que el gobierno del país favorece a los matrimonios a la hora de solicitar una vivienda. Son aptos para entrar a una vivienda a partir de los 21 años sí y sólo sí tienen una pareja a la hora de alistarse. ¡Ojo! Tienen que estar casados cuando les entregan las llaves o, si se decide afrontar la compra como soltero, han de esperar hasta los 35. Esto se explica cuando se observa su tasa de natalidad de 1,2 bebés por cada pareja. Para remediar la exclusión de solteros han habilitado diferentes esquemas, JSS y SSCS, para poder vivir con tu pareja sin casarte y ayudar a la emancipación.

Como he aprendido de Lee Kuan Yew, el mítico primer ministro de Singapur que transformó el país en la potencia que conocemos, hay que preguntarse siempre qué es lo que funciona y ejecutarlo en el menor tiempo posible. La vida de la gente y sus sueños merecen más que conversaciones vacías llenas de intenciones.

La sociedad necesita hechos. Necesita acceso a una vivienda digna. Sabiendo cómo me siento yo dentro de un ambiente relativamente controlado, ni me imagino cómo han de sentirse tantas y tantas familias y tantos y tantos jóvenes que no pueden realizarse en sus planes vitales. A esto hay que decir no. La vivienda no puede ser un privilegio sino un derecho. Hacer uso de las zonas de nueva construcción, los barrios de nueva creación y conectar, conectar y conectar. La bandera de lo público no puede utilizarse para caprichos.

Hay muchos frentes que abordar a la hora de abrir la caja de Pandora, pero ¿qué mayor privilegio que el de hacer de nuestro país un lugar mejor?

P.D: España te echo de menos.