Canela Fina | Electricidad: Sánchez no da la cara

«Sánchez escondió la cabeza en lugar de ponerse al frente de una negociación con los empresarios y las instancias internacionales»

Jesús Hellín Europa Press

Claro que estoy en contra de que, para solucionar la catástrofe económica que padecen los españoles con la electricidad, se ponga en marcha una empresa nacionalizada. Sería un error mayúsculo. Las empresas nacionalizadas, salvo alguna excepción que tal vez la haya, se convierten en el reposo del guerrero, en asilos para políticos decadentes o excluidos. Los partidos políticos, además, en cuanto alcanzan el poder se dedican a enchufar en las empresas nacionalizadas a parientes, amiguetes y paniaguados. En demasiadas ocasiones se nombra en los puestos directivos a inexpertos, cuando no abiertamente a incapaces. Tengo sobre mi mesa de trabajo docenas de ejemplos del despilfarro de las empresas públicas desde los canales de televisión a los paradores turísticos.

Dirigir, vigilar, urgir y castigar son las funciones propias del gobernante eficaz. Y eso nada tiene que ver con nacionalizar las empresas. Ante el agobio que ha supuesto el precio disparado del consumo de electricidad, Pedro Sánchez, en lugar de enfundarse en sus palacios, debió dar la cara y ponerse personalmente al frente de una vasta operación negociadora que aliviara la situación. Existen varias soluciones que los expertos han propuesto y desarrollado. El presidente del Gobierno, ayudado por algunas de sus ministras, tenía la obligación de encabezar las gestiones para reencauzar la situación.

Sería absurdo echarle la culpa a Pedro Sánchez y a su Ejecutivo de una crisis que se deriva de errores acumulados desde hace treinta años. Pero esconder la cabeza no es de recibo. Sánchez debería negociar directamente con los empresarios de las eléctricas y con las instancias internacionales adecuadas. Hay que ponerse el traje de trabajo y enfrentarse con el problema. Coger al toro por los afilados pitones. El atropello eléctrico no puede reducirse a la gestión de un solo ministerio. Es una cuestión de presidencia, de habilidad negociadora y de autoridad. Ha faltado lucidez, una mano firme y la voluntad de asumir una negociación áspera y compleja. El presidente Sánchez se ha escondido bajo el ala de la lenidad. Y como decía Cánovas del Castillo «no se puede esperar nada de los hombres políticos para los cuales el mundo es un espejo que refleja exclusivamente sus deseos y sus sueños».

Luis María Anson, de la Real Academia Española