Opinión

La renovación del TC

Los juristas elegidos para el Tribunal Constitucional tienen una trayectoria intachable y una sólida formación

El tiempo ha demostrado que el PP y el PSOE se podían poner de acuerdo en la renovación de los órganos constitucionales. Los juristas elegidos para el Tribunal Constitucional tienen una trayectoria impecable y una sólida formación. No hay duda de su prestigio, más allá de los extremistas, de uno u otro lado, que puedan criticarles. No voy a entrar en los aficionados al Derecho, bien informados, dicho irónicamente, gracias a Wikipedia. A partir de las cosas estrambóticas que se han dicho o escrito cabe suponer que las oposiciones y la experiencia son algo irrelevante para esos progres inquisidores de las ondas o la letra escrita. Los propuestos por el PP tienen un enorme prestigio. Enrique Arnaldo es catedrático de Derecho Constitucional, letrado de las Cortes Generales y técnico de la Administración Civil del Estado. Por tanto, cuatro oposiciones a sus espaldas, incluyendo la de profesor titular como paso previo para la cátedra. Ha sido vocal del CGPJ y de la Junta Electoral Central y ha ejercido, además, como abogado. Es difícil encontrar un currículum mejor a su edad. Es uno de los mejores juristas de nuestro país.

La magistrada Concha Espejel tiene una trayectoria impecable avalada por las responsabilidades que ha ido asumiendo y solo hay que leer sus sentencias. Es una lástima que estas cosas no interesen a los frívolos «juristas» de Wikipedia. Ha sufrido numerosos ataques sin fundamento, porque hay que reconocer que la izquierda política y mediática es perseverante en su maldad e ignorancia. Es implacable en sus errores. Inmaculada Montalbán y José Ramón Sáez Valcárcel entrarán a propuesta del PSOE con una clara participación de Podemos. Al margen de que se pueda coincidir o no con sus posiciones en determinadas sentencias, no se puede negar su solidez como magistrados, aunque no provengan del Supremo. No hay duda de que representan una sensibilidad jurídica, que no comparto, pero que es lógico que se vea reflejada en el Constitucional. Lo importante sería que no existieran bloques partidistas y que los nuevos magistrados, junto a los que continúan, se limitaran a interpretar la Constitución. Todos utilizamos el ejemplo del Tribunal Supremo estadounidense que es un modelo, por regla general, de independencia gracias al carácter vitalicio del cargo. España debería superar la política de trincheras, tanto en el ámbito judicial como en el Constitucional.