Verónica Forqué, un triste adiós

«Desde la primera vez que la vi actuar me provocó ese sentimiento de cercanía»

Francisco Marhuenda

Este lunes saltaba la terrible noticia de la muerte de Verónica Forqué. Hay actrices que despiertan una enorme simpatía y proximidad en los papeles que interpretan. Era capaz de afrontar con éxito cualquier reto con un talento desbordante consiguiendo llenar la pantalla con su presencia. Y detrás de todos esos papeles en películas, series y obras de teatro había una mujer extraordinaria que nos hizo disfrutar. La pantalla hace que las actrices y los actores sean personas que se nos muestran muy cercanas. Por ello, su muerte resulta todavía más dolorosa. Es un triste adiós, uno más de los miles que recibirá y por ello las redes sociales se han llenado de mensajes. Un gran balance para una vida dedicada a las artes escénicas asumiendo todo tipo de papeles, incluida la dirección. Desde la primera vez que la vi actuar me provocó ese sentimiento de cercanía gracias a su sonrisa arrebatadora y la credibilidad con que resolvió su papel. Y es algo que sentía cada vez que la veía en la gran pantalla o en televisión.

La salud mental es un grave problema que afrontan las sociedades modernas. Me resulta imposible imaginar las razones por las que alguien decide abandonar la vida y, por supuesto, solo puedo mostrar mi tristeza y afecto. No importa que sea alguien conocido o desconocido. Es desolador llegar a un punto en el que no tiene sentido seguir viviendo. El sufrimiento interior puede llegar a ser tan insoportable que conduzca a una decisión tan drástica. Los necios opinan de aquello que no conocen y es algo que sucede, desgraciadamente, a menudo. No soy capaz de saber qué pasa por la mente humana en esos momentos. Uno de los sucesos más dolorosos de mi vida fue la muerte de mi tío Pedro, al que quería mucho. Era el hermano pequeño de mi madre, divertido e ingenioso y me sentía muy unido a él. Estaba en la puerta de la pescadería de mi familia cuando apareció. Me dijo que me quería mucho, que fuera buen estudiante y me abrazó. Fue su despedida, pero no lo sabía. No dijo nada a nadie más. Unos días después supe que había acabado con su vida tirándose al mar y tuve que ver las fotos que me enseñó la policía para confirmar que era su cadáver.