España vaciada, reto electoral

Quieren llenar el Congreso y aun siendo legítima su reivindicación podrían convertir la ya de por sí atípica cámara baja en una verdadera y auténtica torre de babel en forma de sopa de letras

FOTO: Verónica Lacasa Europa Press

Que opciones políticas como «Teruel existe» o la formación regionalista cántabra de Revilla hayan conseguido colar algún diputado en el congreso supone un nada anecdótico engorro para PSOE y sobre todo PP, pero que ese localismo llevado a la máxima expresión de la representatividad parlamentaria a nivel nacional pueda convertirse en próximas citas con las urnas en una opción contante y sonante, ya es otro cantar y estaríamos hablando de lo más parecido a un nada despreciable terremoto político. La lectura de las concesiones territoriales a quienes en el congreso hacen valer sus votos rozando el chantaje frente al ejecutivo de turno, además de poco ejemplar para los intereses generales de un país, supone toda una lección para quienes toman buena nota desde otros territorios damnificados. Aquello que en su día se llamó «solidaridad interterritorial» y que se supone marcaría toda la filosofía de la España autonómica en un intento por acabar paulatinamente con territorios de dos velocidades, no ha sido precisamente la máxima de unos últimos gobiernos, mucho más ocupados en garantizar su continuidad a base de contentar a formaciones nacionalistas que desde la periferia obtienen pingues beneficios políticos y que no representan precisamente, ni a los intereses generales del estado, ni mucho menos a eso que ahora denominamos España vaciada.

Y en estas nos encontramos ahora, con algo tan de cajón como que un fenómeno social alimentado desde lo más profundo del descontento pueda acabar mutando –como ya ocurriera por razones distintas con el «15-M»– en las palabras mayores que supondría una opción electoral de cara los próximos comicios generales. Los «olvidados» no tanto por dejación de los grandes partidos nacionales como por la superior influencia del nacionalismo catalán y vasco en las instituciones nacionales ya están movilizando la «España vaciada» y –mucho ojo– son un competidor electoral en al menos treinta provincias ya saben, esas en las que los «restos» dirimen una contienda. Su capacidad organizativa tiene caldo de cultivo y su disposición al combate en las urnas puede ser un hecho en este próximo 2022. Quieren llenar el Congreso y aun siendo legítima su reivindicación podrían convertir la ya de por sí atípica cámara baja en una verdadera y auténtica torre de babel en forma de sopa de letras, cuando no en un mercadillo al mejor de los postores. Tal vez por ello no sea casual la estrategia impulsada desde Moncloa hacia una descentralización de instituciones tan quimérica como mediáticamente efectiva y a sabiendas de que, con la ley D´Hont en la mano sería el PP la formación más perjudicada. Son pocos sí, pero se sienten agraviados…y eso moviliza.