La dama Camila de la Jarretera

Aguantar a un personaje tan ridículo como el príncipe Carlos bien merece esta distinción

Uno de los aspectos más fascinantes de la monarquía británica es cómo los miembros de la Familia Real acumulan honores sin ningún mérito o esfuerzo especial que los justifique. Los uniformes son magníficos y no creo que el mariscal Kitchener tuviera más condecoraciones que los jóvenes principitos a pesar de haber participado con gran brillantez en numerosas batallas o haber mandado el ejército en los tiempos gloriosos del Imperio. No hay que sorprenderse, porque es una razón meramente genética y asumen rangos militares y distinciones por su posición en la línea sucesoria. Es cierto que los británicos adoran su monarquía y son capaces de perdonar escándalos, deslices y engaños porque representa muy bien a esa gran nación. Ha sido siempre muy rentable y en nombre de Su Majestad han conquistado, colonizado y conseguido enormes riquezas. El sistema de reparto de honores y cargos es magnífico, porque crea una estructura social que perdura en el tiempo. ¿Quién no quiere ser lord o sir?

El famoso filósofo Bertrand Arthur William Russell, un icono de la izquierda mundial, era tercer conde de Russell. Este título lo recibió su abuelo, que fue primer ministro y era el hijo menor del duque de Bedford. Es un buen ejemplo de la exquisita élite británica, además de un personaje fascinante y de una gran talla intelectual. Por supuesto, fue conde hasta el final de su vida. La capacidad de resistencia de la dinastía Windsor se constata con su habilidad de superar los escándalos como sucedió con lady Di. La reina ha nombrado dama de la Orden de la Jarretera a su nuera Camila. A pesar de mi escepticismo con las órdenes dinásticas, que han perdido su sentido primigenio, he de reconocer que aguantar a un personaje tan ridículo como el príncipe Carlos bien merece esta distinción. No hay caballero o dama con mayores méritos que la duquesa de Cornualles. Fue una amante complaciente, una de las muchas que han tenido los reyes ingleses y escoceses, y una esposa abnegada. Por ello, supongo que Isabel II empatizará con su nuera teniendo en cuenta la brillante carrera amatoria de su ambicioso marido, el fallecido príncipe Felipe, duque de Edimburgo, convertido en otro santo laico muy al gusto británico.