Magia

Nuestra fuerza está en la fe, porque nuestras acciones son el reflejo de nuestras creencias

FOTO: Javier Etxezarreta EFE

Dicen que la nueva variante ha llegado de Oriente, con corona pero sin virus. Que es mucho más contagiosa que la famosa Ómicron. Se llama ilusión.

Ojalá convirtamos la magia y la ilusión de los Reyes Magos en alas para volar y para materializar nuestros sueños y anhelos. Que valoremos el preciado tiempo para cumplir los propósitos de este 2022 por nosotros mismos.

El verdadero impulso para exprimir al máximo este nuevo año es el motor que todos llevamos dentro: nuestro espíritu. Y también se alimenta, con voluntad, compromiso, disciplina, dedicación… valores que si no existe un gran motivo, el sentido de la vida, a veces nos parece que pesan demasiado como para aplicarlos día a día.

Pero hay algo que de una forma mágica, aliviana ese peso al instante: la fe. Y no me refiero solo a una religión, sino a las creencias que nos elevan, nos guían, nos impulsan, nos protegen. Para unos es Dios, para otros la alineación de los planetas, el universo, Buda… lo verdaderamente extraordinario y prodigioso es encontrar eso, más grande que nosotros, que no solo allane el camino, sino que lo haga apetecible y maravilloso. Esa luz o guía es esencial. Según Norman Vincent Peale, creador de la teoría del pensamiento positivo, la fuente de la energía de todos los grandes personajes está en «estar alineados con el infinito». Su clave es «reza, visualiza, actualiza». Nuestra fuerza está en la fe, porque nuestras acciones son el reflejo de nuestras creencias. Cuando crees en ti y en algo más grande y poderoso que tú, ocurre lo mismo que cuando aceptas que eres lo que eres: te sientes bien. Cuando empiezas a quererte y sabes hacia donde vas, la vida tiene sentido. Es también cuando tomas unas decisiones más acertadas y haces oídos sordos al qué dirán. Alimentar esa fuerza interior desencadena una serie de potentes sentimientos positivos y ese es el mejor regalo que puedes hacerte.