El escándalo Pegasus

Es una nueva muestra de la vulneración de un derecho fundamental al servicio de unos intereses políticos muy oscuros

Francisco Marhuenda

Por fin tenemos un escándalo que tiene un nombre de altura. Hasta ahora todo era bastante cutre. No sé quién se encargaba de la selección, pero no atinaba. La mitología grecorromana ofrece un enorme abanico de opciones. Es cierto que la izquierda gobernante tiene una manifiesta antipatía hacia las Humanidades y la educación en general. No hay más que ver las chapuzas que hace en esta materia. Eso del mérito y la capacidad les produce sarpullidos. La cultura clásica es una fuente inagotable de sabiduría. Estos días estaba leyendo los dos libros de Karl Kerényi sobre los dioses y los héroes de los griegos (Atalanta). Me tropecé con el pobre Pegasus que no tiene ninguna culpa de las maldades humanas reflejadas en este chapucero escándalo de espionaje que ha puesto contra las cuerdas al Gobierno. La mitología es apasionante, porque su conocimiento nos adentra en un mundo que rezuma sabiduría, pasiones humanas e imaginación desbordada. Esta pléyade de dioses con pasiones y actos muy humanos cuenta con héroes surgidos de sus amores carnales. El origen del caballo alado permite constar, por enésima vez, el talento de los antiguos griegos. La Gorgona Medusa estaba embarazada del dios Poseidón. Al ser decapitada por Perseo salieron de su cuello el héroe Crisaor y al caballo Pegasus. No hay duda de que era un embarazo de riesgo.

Al margen de este escándalo, el buen caballo tiene una interesante relevancia en ese fabuloso mundo mitológico. Por supuesto, a lo largo del tiempo ha sido utilizado, con mayor o menor éxito, por la literatura y el cine. Al amor por los equinos se une la fascinación de su capacidad para volar, algo que ha sido un sueño permanente del ser humano. Dios no nos dio alas, pero nos hubiera gustado tenerlas, aunque ahora contamos con aviones, cohetes y helicópteros. El sueño de cualquier corrupto o nuevo rico es disponer de uno de ellos o incluso de los tres. El pobre Pegasus forma ahora parte, involuntariamente, del mundo de los escándalos, porque alguien ha utilizado el instrumento de espionaje y violencia masiva que lleva su nombre. Es una nueva muestra de la fragilidad de las democracias frente a las tecnologías y la vulneración de un derecho fundamental al servicio de unos intereses políticos muy oscuros.