La frontera caliente con Rusia

«Es la primera vez que nadie quiere la paz, sino amar sin límites a Ucrania para que derrote al agresor»

FOTO: Olivier Matthys AP

A lo largo de la Historia se han producido numerosas guerras y conflictos por culpa de las fronteras. En muchos casos, porque eran artificiales. Es lo que sucedió con el proceso colonizador europeo iniciado en el XIX. Fue una catástrofe. Se realizó un reparto territorial caprichoso para complacer las ambiciones de cada una de las potencias, tanto de las mayores como de las menores. Es lo que sucedió en África, Asia y con la descomposición del Imperio Otomano. Con una frivolidad infinita, soy cauto con esta definición y no empleo términos más gruesos, provocamos casi todos los conflictos que se vivieron durante los procesos descolonizadores. A veces me sorprende que no entendamos que somos bastante impopulares en muchos países del mundo, porque rechazan ese eurocentrismo que nos caracteriza y que sufrieron. Otra cosa es que les seamos útiles o nos necesiten, pero no comparten nuestro supremacismo cultural y político. Esta realidad explica las complejas relaciones que tenemos con Rusia. No tengo ninguna simpatía por Putin, que es un hijo aventajado de la Unión Soviética.

El comunismo es una de las ideologías más repugnantes y genocidas de la Historia. Por ello, no me sorprendió la agresión rusa contra Ucrania. Lo mismo me sucede con China, que también es un país comunista, aunque haya abrazado ese capitalismo controlado por el partido. Es lo mismo que sucede en la Rusia de Putin. Es el cruel autoritarismo y el dirigismo económico adaptado a las necesidades del siglo XXI. Es bueno recordar que las democracias y el capitalismo burgués también han evolucionado desde el XIX. Ahora afrontamos una nueva escalada de consecuencias imprevisibles. Es cierto que el agresor es Rusia, aunque es bueno tener presente que es una de las mayores potencias nucleares. Estamos asistiendo a un acelerado realineamiento en un conflicto en el que la UE ha tomado partido de forma muy fervorosa que confirma la profunda antipatía que existía hacia los rusos. Es la primera vez que nadie quiere la paz, sino armar sin límites a Ucrania para que derrote al agresor. Un nuevo factor que lo complicará todo es la incorporación de Suecia y Finlandia a la OTAN, porque será una frontera caliente con los rusos. ¿Putin aceptará una decisión que considera que es una nueva humillación?