Los que se extinguen

Juan Carlos I a bordo del "Bribón"
Juan Carlos I a bordo del "Bribón" FOTO: Lavandeira Jr. EFE

Cara a las futuras elecciones tenemos, al menos, un par de cosas claras: que Podemos y Ciudadanos se extinguen, se consumen como cirios en Semana Santa y viendo que esto sucede Yolanda Díaz se saca de la manga “Sumar”, un proyecto que ella sola abandera con unas secuaces a distancia tipo Ada Colau que más bien restará dada su penosa trayectoria como primera mandataria de una ciudad bonita, cosmopolita, ejemplo de cultura, convertida en pura cochambre paleta. Díaz huye del barco antes de que se hunda, como las ratas, como la otra rata hiciera hace ya tiempo (Iglesias), mientras Irene Montero trata de subsistir mediante propaganda abortista a edades tempranas y sin permiso paterno. Claro que ahora también abandera una propuesta de ley para que la edad de voto sea a los dieciséis mientras el resto de países europeos se quedan pasmados ante semejante dislate, muy propio de la ultraizquierda. En el fondo ni siquiera al votante rojeras le convencen con estos “logros”, con estos “avances”. Quizá sí la baja por menstruación dolorosa -que se quita con un ibuprofeno-, porque son vagos y prefieren el sueldo en casa y sin trabajar, como el ministro de consumo, que no quiere dejar el cargo para concurrir a las andaluzas, porque así está muy cómodo, tomando rebujitos y jamón en una caseta de la Feria de Sevilla. Tío jeta.

Pero el Rey ha vuelto y algunos le acusan de montar el circo. No, el circo lo montan quienes quieren reventar su regreso con palabras insultantes hacia él y hacia la Institución que tan bien ha representado siempre, con sus errores infinitamente inferiores a sus aciertos y sus sacrificios. En él se ve aquella España próspera que empezó a brillar en el mundo, que empezó a ser considerada por los países más avanzados, que salió del ostracismo y la caspa de tantos años atrás. Un Rey, un Jefe de Estado brillante a nivel mundial que sólo nos trajo riqueza y prestigio en sus más de cuarenta años de reinado. Un Rey lejos de la mesa camilla, la sopa de acelgas y la cutrez actual, o sea, lejos de esta monarquía low cost que estamos padeciendo pero que debemos defender por si con la joven princesa vuelve a su esplendor y se aleja de la penosa imagen del penoso video que nos recordaba a la familia Simpson. Un Rey del “¿por qué no te callas?”. Todavía recuerdo con regocijo y casi con incredulidad lo que estaba viendo en las noticias. No me olvido donde estaba, en una casa donde no volveré porque ya no es mía. Todo son nostalgias pero no desesperanzas y la imagen del Rey pisando su país me devuelve una alegría perdida desde su marcha hace seiscientos y pico días. No, no ha montado ningún circo. Vuelve por un fin de semana y no a la capital sino a una aldea gallega. El espectáculo lo monta esa minoría que le teme porque todos lo queremos, y necesitamos su presencia para que la Institución goce otra vez del lustre perdido y podamos estar orgullosos de ella, como antes, como en el pasado.

CODA. “Podemierdas” no es una expresión que incite al odio o la violencia, según el TSJ valenciano. Tampoco “rogelios” o “eliminar mierda comunista” representan ningún delito porque no incitan al odio o a la violencia. Por una vez la libertad de expresión me encanta. Muchos creen que Quevedo fue encarcelado por lenguaraz pero en aquel tiempo su léxico no constituía delito ni se consideró incitante a cualquier sentimiento maligno. Sí pasó casi cuatro años recluido en el Convento de San Marcos de León acusado de ser confidente de los franceses. Nunca se llegó a demostrar.