España

El difícil problema del PSOE

Tomás Gómez

Las encuestas hay que tomarlas con precaución, unos condicionan a los otros, en parte, porque cuando se van publicando van generando una opinión que induce a muchos votantes a posicionarse en el sentido que señalan y, en parte, porque responden a los intereses de quien las contrata.

El caso es que, a pesar de que se equivocan a menudo y de que cada vez existen más reservas sobre sus pronósticos, siguen teniendo impacto porque a todo el mundo le gusta saber lo que va a pasar y, de momento, son el único instrumento que dan algo de información.

Pero, quizá, sea mejor observar lo que ha ocurrido en el pasado. Y lo que ha pasado en las convocatorias electorales que se han celebrado desde las últimas generales ha sido, salvo la excepción de Cataluña con la victoria de Illa que no le llevó al gobierno sino a liderar la oposición, un desastre para la izquierda en general y para el PSOE en particular.

Las victorias holgadas de Feijóo y Ayuso y la menos sonora de Mañueco, marcan una brecha a favor del bloque de derecha frente al de izquierda. En Andalucía sabremos en breve si esa tendencia se consolida o se revierte, aunque las expectativas parecen ahondar en la misma senda.

Podemos y las confluencias se están diluyendo, por lo que el PSOE va a depender de sí mismo para poder gobernar en las comunidades autónomas y municipios que están llamados a las urnas los próximos meses.

Hay algo que no está funcionando. Sánchez es presidente y debería partir con cierta ventaja, incorporando un valor añadido a la marca socialista. Sin embargo, desde la salida de Iglesias del gobierno, que ejercía de parapeto, su imagen se deteriora por semanas.

En Moncloa son conscientes, de ahí la búsqueda de banderas a las que engancharse y mejorar la imagen presidencial. La subvención de los carburantes y la excepción ibérica al problema energético son ejemplos de ello, pero las crisis, como la del espionaje, parecen haber eclipsado el efecto.

Tampoco parece que pueda ayudar mucho la presidencia de turno de la Unión Europea. Muy al contrario, puede ser perjudicial que el silencio que ha mantenido Sánchez en los últimos meses sin comparecencias públicas se torne en una sobre exposición con la excusa europea.

Sánchez parece ser el problema. Dentro todos saben que resta, pero ni hay sustituto ni posibilidades. Difícil problema de resolver.