La maldición de Alfonso Guerra

Alfonso Guerra
Alfonso Guerra

Aquella maldición que derramó sobre nuestras cabezas Alfonso Guerra, el vicepresidente del gobierno de los años 80, con los socialistas de González haciendo y deshaciendo, con los “mienmanos”, los cafelitos, los chiringuitos, las bodeguillas y toda la basura que trajeron, sigue cayéndonos encima pero de forma más virulenta, con más pústulas y más infección que la viruela del mono, asquerosa y repugnante, como las palabras de una victoriosa Irene Montero congratulándose de la absolución de una tal María Sevilla, que no contenta con acusar al padre de su hijo de maltratador y violador, o sea, de las acusaciones que se estilan en esta España desestructurada, demolida, en liquidación por derribo, secuestra al pequeño manteniéndolo por dos años aislado, sin escolarizar, sin vacunar, propiciándole una extraña alimentación en plan secta. Ahora, merced a la intervención de la ministra de igualdad, queda libre de toda culpa y la otra se congratula calificando la hazaña de una “victoria del feminismo”, de las “madres protectoras” y una serie de basuras de defeca por su despreciable boca. No contenta con eso vuelve a excretar imponiendo por ley convertir al hombre en presunto culpable obviándose así la presunción de inocencia, algo a lo que tienen derecho hasta los más despreciables asesinos, aunando abuso y agresión sexual y exigiendo el consentimiento expreso de la mujer con “actos explícitos”, para las relaciones sexuales. ¿Pero qué le pasa a la tipa con los hombres? ¿Por qué pertenecer al género masculino se ha convertido directamente en delito?

Mientras tanto el jefe de su gobierno se baja una vez más los pantalones ante los golpistas, separatistas y terroristas cediendo en política territorial y lingüística hasta extremos intolerables. Ha sido curioso que en su intervención en el foro de Davos careció de público, fue un discurso ante sí mismo y sin aplausos. A nadie le interesaba la disertación de un mindundi, que es como se le considera entre los socios europeos. Un mindundi con aspiraciones a Jefe de Estado, a presidente de una república que ni existe ni se le espera.

Pero para vergüenza la de Biden, que ya cada vez se asemeja más a las muñecas de Famosa cuando se mueve, hablando y lamentándose de la matanza de Texas con su mujer guardándole las espaldas que más bien parecía el ama de llaves de Downton Abbey, incapaz de controlar el lobby armamentístico. Era de esperar que un psicópata como Putin aprovechase la ocasión de tener en los Estados Unidos un presidente tan flojo, tan sin saber por dónde vienen los tiros –y nunca mejor dicho-, para cometer la gran fechoría de invadir Ucrania. Ya veríamos si con Trump o con Bush se hubiera atrevido. Pero hemos de observar que las noticias de la guerra ya no abren los noticieros, a pesar de la importancia internacional que conlleva. Todos estamos notando que el ticket de la compra se ha encarecido enormemente y no es casualidad. Los combustibles, el grano, el alimento del ganado, todo tiene que ver con el asedio de Putin a un país que en muchos sentidos era la despensa de Europa y de parte del resto del mundo. Aun así nadie es capaz de pararle los pies a quien cada día causa muertes de civiles inocentes que nada tienen que ver con sus aspiraciones tan sangrientas como zarísticas.

CODA. El marquesado de Salobreña lo concedió el Rey Juan Carlos al grandísimo guitarrista Andrés Segovia. Hoy día me imagino que lo ostenta algún sucesor. Recuerdo vagamente que tenía un hijo mayor y que con su segunda mujer tuvo otro cuando ya había cumplido los ochenta años. Los genios son así. Pero a la Olona habría que darle, no sé, una baronía de Salobreña por haber podido superar las trampas que quisieron hacerle para que no pudiera concurrir a las elecciones andaluzas, negándole la alcaldesa socialista el empadronamiento en la ciudad.