El moho

Exigimos naturalidad, pero cuando la vemos, la despreciamos

María José Navarro

La influencer Marina Llorca ha publicado (en su perfil de Instagram) una fotografía en defensa de Georgina Rodríguez, la esposa de Cristiano Ronaldo. En esa foto, Llorca imitó la de Georgina, pillada desprevenida en su barco, sin maquillar, sin filtros, de lo más natural. Por supuesto, enseguida aparecieron esos tarados y taradas con sus vidas de mierda, criticando sus estrías, sus kilos, su tripa, su celulitis y su pelo sin arreglar. Marina, con un ángulo parecido y un bikini similar, colgó en su perfil su imagen, además de un texto que ha llegado a mucha gente. Exigimos naturalidad, pero cuando la vemos, la despreciamos, decía en su inicio el post de Llorca. Si cada uno de esos tarados y taradas mostraran su físico en redes sin retoque alguno, imagino que exigirían respeto y consideración y cuidado, porque esos comentarios de mierda afectan. Es verdad que ninguno de ellos es modelo, ni se dedican a la imagen, ni han aparecido en realities, ni nos han acostumbrado a la perfección, pero el aluvión de comentarios asquerosos ha sido inhumano. Luego vendremos con el rollo de la salud mental, de la auto aceptación, de la empatía y toda esa basura de libros de auto ayuda con la que las malas personas se escudan cuando les toca a ellos pero, oigan, cómo se les olvida cuando se trata de otros. Y sobre todo, de otras. Porque no es igual una mujer que un hombre en esto. Porque hay miles de reportajes sobre los abdominales de mujeres de cincuenta, de lo bien que se «conservan» las mujeres de cincuenta o de si Beyoncé, ahora que ha cumplido cuarenta se ha echado a perder. Dicen que era sólo un titular y que nos quedamos en la espuma. En la espuma se quedan los del titular, dispuestos a todo por un click . Pero, si todo eso no era suficiente, ahora aparecen los machitos a decirnos que «el 99% de los que criticaron la imagen de Georgina eran mujeres» para añadir «pero vivimos en una sociedad machista y patriarcal» en tono irónico. Es decir, que para sentirse mejorcito, es mejor señalar a las tías. Así se os cura de golpe toda vuestra ranciedad, vuestros machismos, y vuestra mente retrógrada cuya radiografía sería la de un queso azul.