Sánchez : «Yo acuso»

FOTO: David Jar La Razon

Afirmar, como ha hecho Sánchez –sí, Pedro Sánchez Castejón, el presidente del Gobierno– que la prensa «intoxica», es decir, que miente y manipula, y como ejemplo de ello «que dice cosas que yo ni siquiera he pensado», e invitar a los medios a «informar», es de tesis doctoral, pero de las auténticas y no de las calificadas «cum fraude» y no «cum laude» como sería de desear.

Es tan acreditada como conocida la difícil coexistencia –que no convivencia– de Pedro Sánchez con la verdad, así que atreverse él a acusar a los medios de intoxicar es un ejercicio tan arriesgado y atrevido que habrá que buscar su motivación en el manual de resistencia de Irene Lozano para entenderlo. Podría haber acusado a algún medio o algún periodista en particular, como hizo en su reciente comparecencia de cierre del curso político y comienzo de sus vacaciones veraniegas, cuando señaló con nombre y apellidos a dos prominentes representantes nacionales de la empresa y las finanzas, que se debe suponer, –en su boca–, lo serán también de los «ocultos intereses» a los que acusa de estar a su servicio la oposición.

Al no hacerlo, y acusar «in genere» al denominado «cuarto poder», su denuncia pierde credibilidad ya que cuesta creer, por ejemplo, que los medios públicos audiovisuales, sobre los que su Gobierno ejerce digamos «una cierta influencia», también intoxican. Aunque si lo hicieran sería a favor de sus intereses, que en tal caso no serían «ocultos», al menos para él. O algún que otro medio, cuya fidelidad a su persona, sus proyectos, ilusiones y ambiciones, es tan pública y notoria que no cabe duda al respecto.

De aquí se colige que la queja presidencial se debe dirigir a quienes no mantienen hacia su persona la lealtad debida como de fieles subordinados, que es la adecuada hacia quien parece emular al Rey Sol: «El Estado soy yo». De tal suerte que son antipatriotas, los medios y los periodistas, y por supuesto la oposición, que no le aplauden «y que, si no ayudan, al menos que no molesten».

Que la única queja estival presidencial se dirija a los medios de comunicación y la oposición política, ya es un signo de la concepción que tiene nuestro presidente de la democracia parlamentaria. Ni un gesto, ni una palabra de autocrítica por la gestión gubernamental respecto a lo que sucede. Si hay tantos incendios es por el cambio climático, que además mata; si tenemos la inflación por encima de nuestros vecinos, es la guerra de Putin. Y si España no está bien, es culpa de ocultos intereses. Y todo lo demás, de la pandemia.