Anda

La plañidera Montero al principio de asumir la jefatura de un ministerio tan absurdo como costoso decía que al Congreso hay que venir llorado de casa

Irene Montero en el pleno del Congreso de los Diputados
Irene Montero en el pleno del Congreso de los Diputados FOTO: David Jar La Razon

Ha muerto Pablo Milanés, uno de los trovadores que pusieron banda sonora a mi adolescencia, y yo, siempre enamorada, entraba en trance, en un verdadero paroxismo con sus canciones. “Para vivir” y “Yolanda” las oía una y otra vez, como letanías infinitas, pero en un álbum grabado en directo con Aute se intercambiaron sus músicas y Milanés puso su alma en “Anda”, dándole una entonación que hoy todavía me provoca escalofríos. ¡Qué suerte poder sentir que la sangre galopa por las venas! Seguramente nadie me reconoce en estas palabras sentimentaloides, pero de vez en cuando hay que dejarse llevar por la nostalgia, y hoy no me ha importado sacar a relucir mis vísceras, aunque solo sea en mi primer párrafo, que para lo ácido, ya llega lo que viene más abajo. Al fin y al cabo, en lo acre o en lo tierno, los que escribimos purgamos nuestro corazón en cada línea, al mismo tiempo que también levantamos acta de nuestro tiempo y de los yerros y los aciertos que la actualidad nos ofrece. En este caso mucho de lo primero, nada de lo segundo.

Vayamos, pues, con la plañidera Montero, que muy ufana, al principio de asumir la jefatura de un ministerio tan absurdo como costoso, decía que al Congreso de los Diputados hay que venir llorado de casa. ¡Vaya por Dios! Y el otro día, cuando una de Vox le sacó a relucir el motivo que la llevó a ocupar su silla en el consejo de ministros, se lio a insultos entre sollozos, llamando fascistas a todos los que no son de su cuerda e inventándose la violencia parlamentaria. Ahora tenemos tantas clases de violencias como de familias, y ya vamos por 16. Yo siempre creí en un concepto de familia genérico y como la define la RAE, es decir “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”. Pero la banda de ignorantes que nos gobierna distingue entre “familia reconstituida” (¿y eso que é lo que é?), “personas que vivan solas”, lo cual no constituye familia, “familia retornada” y chuminadas por el estilo. Así hasta 16. Lo que pasa es que si no eres políticamente correcta y no asientes a todo, eres facha, y a Irene Montero la han redimido de la basura de la ley del sí es sí por unas cuantas verdades que le han dicho a la cara, aunque de forma imprudente. Para ser parlamentario también hay que ser retórico y decir lo que se quiere decir, sin que lo parezca. Pero a nadie se le oculta que, si está donde está, es por imposición de Pablo Iglesias. Y no hay más tu tía, que diría don Manuel. Pero estos de Vox van metiendo patas a diestro y siniestro, cosa que unos dicen que es buena porque los votos irán hacia el centro, y otros que es mala. El PP anda cabreado porque dice que, con esta torpeza, la ultraderecha la ha convertido en una Juana de Arco. Yo lo único que sé, a día de hoy, es que se aprobaron los presupuestos con los votos de los proetarras y los independentistas, a cambio de suelta o acercamiento de presos y haciendo desaparecer –con alevosía y nocturnidad-, la sedición, convirtiéndola tan solo en desórdenes públicos, o sea, como una simple pelea callejera o algo así. Qué burla, qué manera de escupir en la cara a nosotros, pobres contribuyentes, que no nos queda otra que vomitar ante la risa impostada de Sánchez el otro día en el Senado.

CODA. Parece ser que, en la década de los 90, una columnista americana fue violada por Donald Trump. Ahora, treinta años más tarde, recuerda que debe presentar una demanda contra él, a ver qué pilla, reclamando “una indemnización sin cuantificar por daños y perjuicios compensatorios y punitivos por dolor y sufrimiento, daños psicológicos, pérdida de dignidad y daños a la reputación”. No me atrevo a comentar ni a calificar.