Política

La vía sueca contra el populismo

El socialdemócrata Stefan Löfven fue reelegido el viernes primer ministro de Suecia. Foto: Efe
El socialdemócrata Stefan Löfven fue reelegido el viernes primer ministro de Suecia. Foto: Efe

Los socialdemócratas mantienen el poder tras aislar a la ultraderecha.

“Sweden is different”. Así lo ha demostrado tras desbloquear el “impasse” político que sufría desde las elecciones del pasado 9 de septiembre, cuando un empate entre la izquierda en el poder y la derecha en la oposición impidió la formación de Gobierno. Como árbitro de esta insólita situación se situaba la extrema derecha de Demócratas Suecos (DS), que, con sus 62 diputados en un Parlamento de 349 escaños, vendía caros sus apoyos. Sus votos a cambio de dar una vuelta de tuerca a la política migratoria y de asilo de Suecia. Una de las más generosos del mundo hasta la crisis de 2015, cuando el país nórdico recibió 163.000 solicitantes de asilo, lo que le colocó a la cabeza de la UE en términos per cápita.

Para el socialdemócrata Stefan Löfven, que desde 2014 encabeza un Gobierno en minoría con Los Verdes, la solución a la crisis política pasaba por romper los bloques tradicionales izquierda-derecha para pactar una coalición que aislara a la extrema derecha. Y tras 131 días de “impasse” y perder una moción de censura presentada por la derecha, este antiguo líder sindical de 61 años se salió el viernes pasado con la suya. Fue reelegido primer ministro con el apoyo de dos partidos (socialdemócratas y verdes) y la abstención de otros tres (ex comunistas, liberales y centristas). Estos dos últimos prefirieron tolerar a un Gobierno de izquierdas antes que llegar al poder de la mano de una derecha xenófoba y eurófoba, como estaban dispuesto sus aliados de coalición, conservadores y democristianos.

Una auténtica lección para una Europa cada día más tolerante con unos partidos que no respetan las reglas de juego de toda democracia liberal. Frente a sus vecinos escandinavos, Suecia mantiene un estricto cordón sanitario contra los Demócratas Suecos, que, a diferencia de otras formaciones populistas de la región, hunden sus raíces en el neonazismo. “En unos tiempos en los que las fuerzas extremistas de derecha están creciendo en muchos países, Suecia ha elegido otra forma de avanzar”, resumía el socialdemócrata Anders Ygeman, nuevo ministro del Interior.

En Finlandia y Noruega, los populistas son socios de Gobierno, mientras que en Dinamarca se han convertido en el influyente socio parlamentario de todo Ejecutivo liberal desde 2001. Las inminentes elecciones finlandesas en abril y danesas en junio servirán para calibrar si estos movimientos sufren el desgaste en las urnas propio de los partidos en el poder.

pgarcia@larazon.es