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Suecia mantiene el cordón sanitario a la ultraderecha

Tras cuatro meses de bloqueo político, el Parlamento reelige al socialdemócrata Stefan Löfven como primer ministro con los votos de liberales, centristas, verdes y ex comunistas.

  • El primer ministro socialdemócrata Stefan Löfven/Reuters
    El primer ministro socialdemócrata Stefan Löfven/Reuters

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18 de enero de 2019. 16:55h

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Pedro G. Poyatos.  18/1/2019

“Lagom” es una palabra sueca que significa “ni mucho, ni demasiado poco, solo un término medio”. Ese equilibrio y pragmatismo característico del país nórdico fue puesto de nuevo ayer en práctica para desbloquear la situación política tras 131 días de Gobierno. El primer ministro en funciones Stefan Löfven fue reelegido por el “Riksdag” (Parlamento) con 115 votos a favor (socialdemócratas y verdes) 153 en contra (conservadores, democristianos y ultraderecha) y 77 abstenciones (centristas, liberales y ex comunistas). Aunque el líder socialdemócrata tiene menos apoyos que rechazos, el sistema político sueco permite que el jefe del Gobierno sea elegido si no vota en contra la mayoría de la Cámara (175 de los 349 escaños) en lo que se denomina “parlamentatirsmo negativo”.

Este encaje de bolillos entre cinco partidos programáticamente antagónicos busca mantener el “cordón sanitario” contra los ultraderechistas Demócratas Suecos (DS), que fueron el tercer partido más votado en las elecciones del pasado 9 de septiembre superando el 17%. Unos comicios que dibujaron un virtual empate entre la izquierda (144 escaños) y la derecha (143) con los populistas xenófobos como árbitro de la situación política gracias a sus 62 diputados.

Si bien la Alianza, la coalición que reúne desde 2004 a los cuatro partidos de centro derecha (conservadores, democristianos, liberales y centristas) sumaba una cómoda mayoría con los ultras (205 escaños), los dos últimos partidos se negaron a formar parte de un Gobierno que dependiera lo más mínimo de los diputados de Jimmie Akesson, que exigía a cambio un endurecimiento de la política migratoria sueca.

Tras cuatro meses de bloqueo y dos investiduras fallidas (una del conservador Ulf Kristersson y otra de Löfven), centristas y liberales aceptaron sentarse a negociar con los socialdemócratas un compromiso que evitar un adelanto electoral que solo beneficiaba a DS, convertido ya en segundo partido del país, según los sondeos. El pacto de 16 páginas y 73 puntos cerrado hace una semana prevé la rebaja de impuestos, una reforma fiscal, extender otros dos años la ley migratoria especial u exigir cursos de sueco para obtener la nacionalidad. Un giro a la derecha que alarmó al Partido de Izquierdas (ex comunistas), socio parlamentario del Gobierno rojiverde durante la última legislatura. Finalmente, Löfven logró tranquilizarles y asegurarse la imprescindible abstención de sus 28 diputados.

Tras su reelección por el Pleno del Riksdag, el reelegido primer ministro, que presentará el lunes su Gabinete y su programa de legislatura, aseguró que “asumo esta responsabilidad tanto con humildad como con determinación”. “Suecia –explicó Löfven- elige un camino diferente”. Mientras sus vecinos escandinavos han asumido la participación de la extrema derecha en el juego político pactando con los ultras gobiernos de coalición (Finlandia y Noruega) o contando con ellos como socios parlamentarios (Dinamarca), Estocolmo mantiene el aislamiento de DS, un partido que, a diferencia del Partido del Progreso o el Partido Popular Danés, tiene un origen neonazi. En opinión del líder socialdemócrata sueco, “uno tiene que decidir. O llegamos a compromisos o todos permanecen quietos en sus esquino y no tenemos gobierno”. “En unos tiempos en los que las fuerzas extremistas de derecha están creciendo en muchos países, Suecia ha elegido otra forma de avanzar”, resumía Anders Ygeman, jefe parlamentarios de los socialdemócratas.

En el poder desde 2014, Löfven sabe bien qué es gobernar con un Gobierno minoritario. Su primer reto será enmendar los presupuestos que aprobó la oposición conservadora el pasado noviembre con apoyo de los populistas. Con todo, el principal reto será cumplir con las promesas hechas a liberales y centristas sin perder el apoyo de los excomunistas, cuyo líder, Jonas Sjöstedt, se presentó ayer como “la única oposición de izquierdas” y amenazó con apoyar una moción de censura si el Gobierno traspasas sus “líneas rojas” en política de vivienda o derechos laborales.

Löfven, que fue soldador y líder sindical antes de entrar en política, se confirma así como uno de los últimos bastiones de la socialdemocracia europea y dique de contención de la derecha xenófoba. Las próximas elecciones en Finlandia (abril) y Dinamarca (junio) demostrarán si Suecia continúa siendo la excepción que confirma la regla.

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