Amnistía: no, nunca

En absoluto. No seamos ingenuos, o peor, pardillos. Los asesinos que no tienen otra que pasar la Navidad en la cárcel no pretenden tomarnos por el pito del sereno, ni son unos jetas, ni procuran burlarse en nuestra cara de lo que han hecho o de cómo lo han hecho. Sencillamente son unos desalmados, unos desaprensivos, un puñado de despojos dispuestos a mendigar lo que sea. Y a obtener resultados. Lo antes posible. Naturalmente.

Pero no podemos ni debemos dar ni medio paso atrás. Estos hijos de Satanás están trabajando para ablandar las defensas de los demócratas más débiles y alcanzar el sueño de la amnistía. O sea: que creen posible encontrarse en un escenario en el que cada crimen salga casi gratis, en el que todo el sufrimiento generado en décadas equivalga a la nada.

Y ahí está nuestra respuesta. No vamos a permitirlo. No hay tolerancia ante esta obscena reclamación. Cero. Los matarifes que se han manchado las manos de sangre en nombre de la grandeza y la independencia de la patria vasca no merecen comprensión, ni debilitamiento alguno de nuestras posiciones éticas. Ná de ná. ¡¿De qué van estas sanguijuelas?!

El autodenominado colectivo de presos de la banda terrorista ETA puede pedir la Luna. Lo puede reclamar su portavoz, o todos juntos, o cualquier bastardo homicida de los encuadrados en este grupo de matones. Da igual. Frente al vicio de demandar, la virtud de no dar. Especialmente cuando los que quieren para sí mismos todo y más han causado estragos masivos; una destrucción material y humana intolerable, inaceptable, animal, demoniaca. Ni hablar.