Barra libre, ¡no!

Un mundo de locos. El absoluto desorden moral. La entera anemia ética. Únicamente en estas circunstancias uno podría pensar en la lógica en función de la cual matar a una persona debería equivaler a matar a once o a 22 o a 32. Pero esto no es serio, ni democrático, ni justo, ni sostenible.

Ya sabemos lo que piensan los socialistas de la «doctrina Parot». En tiempos de Zapatero, con Rubalcaba o con el que venga. Porque va en su ADN. Porque no creen que los tribunales deban achatarrar a quienes en nombre de ETA nos han amargado la vida sin dejar de acribillarnos y amenazarnos y extorsionarnos. Sin dejar de comportarse como lo que son: simples despojos.

No puede ser. No hay derecho a que un partido que representa a más de un tercio de nuestros compatriotas sostenga, con toda su pachorra, que no hay excesivo peligro en el hecho de que torturadores, acosadores, maltratadores, asesinos, criminales (lo peor de lo peor de lo peor) sean puestos en libertad pasado mañana. Sería un riesgo para todos: para España, para su sistema de libertades, para quienes creen que los que la hacen la deben pagar.

La preocupación del Gobierno de España por la decisión que tomen los burócratas de Bruselas o Estrasburgo no puede estar más fundada. Como pocos europeos, sabemos a la perfección lo que significa ejercitarse en el mal llevando muchos cuerpos al cementerio sin arrepentirse, sin reflexionar, sin colaborar con la Justicia, sin pedir perdón. Sin hacer nada de lo que hacen las personas con alma. Y la «doctrina parot» significa precisamente machacar a los desalmados, a los cretinos, a las ratas que deben seguir transitando por las alcantarillas. ¿O no?