Borricas pardas

Los caballos blancos sí existen, pero a España acuden pocos. Los conocidos han sido fantoches, embaucadores y gentes de mal vivir. Le ocurrió al Alavés con Dimitri Piterman y en Santander, cayeron en la misma red. En el Racing no les bastó salir escaldados del ruso, sino que cayeron en el indio Sayed, individuo que creó la peor crisis económica y social del Racing y de la que aún no se ha repuesto.

El Málaga pasó de la discreción dineraria a la opulencia con el jeque Al Thani, quien, cansado de esperar la concesión a dedo de las obras de un gran superpuerto en Marbella, optó por dejar el club en almoneda. La venta de sus figuras sirvió para mantener el equipo sin caer en la desgracia total.

Al Valencia acudió un grupo con teórica sede en Uruguay y una oficinita cerca de Madrid. Fue gran fiasco que apadrinó el presidente de entonces, Vicente Soriano. Afortunadamente, la operación no fraguó y para obviarla hubo que hacer ampliación de capital, que si bien evitó que el falso magnate acudiera a ella costó el aval de 80 millones para la Fundación, que ha creado graves consecuencias con Bankia. También apareció un suramericano que fue otro desengaño, aunque aparentó mucho.

Amadeo Salvo, presidente que no ha conseguido solventar los graves problemas del club, ha traído de la mano a un chino de Singapur, Peter Lim, quien ha prometido el oro, el moro y el Micalet, pero ha pedido quita bancaria del sesenta por ciento de la deuda. El caballo blanco es borrica torda.

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