Córdoba y «sharía»

Desde febrero venimos oyendo que la Catedral-Mezquita de Córdoba debe pasar a ser propiedad de la Junta de Andalucía. Lo más reciente y alarmante es la propuesta de la llamada «Junta Islámica de España» para que se convierta en un centro ecuménico. Esta Junta Islámica es una asociación privada que –contra lo que su nombre pudiera hacer creer– no representa en absoluto a la mayoría musulmana en nuestro país. Es una formación, con sede en Granada, afín a los emiratos más cercanos a la «sharía». Estas personas –en su mayoría conversos como Mansur Escudero y Malik Abderramán Ruiz, que se han cambiado de nombre, pero llevan apellidos españoles– practican la poligamia, educan a sus hijos en madrasas integristas y son partidarios de medidas que los seguidores normales del Profeta considerarían, como poco, extravagantes. Estoy segura de que ni el PSOE ni IU quieren colaborar con fuerzas tan integristas –las mismas que están detrás de la famosa mezquita de Los Bermejales, en Sevilla–. Es sabida la dificultad que pasan muchos cristianos en tierras musulmanas –donde no es que no se practique el ecumenismo, sino que a menudo está prohibido construir iglesias–. En un tiempo donde la sangre corre en Nigeria, Sudán, Camerún, Egipto o Pakistán, sorprende ver tantos europeos de izquierdas empeñados en hacer concesiones en materia tan sensible. La Mezquita de Córdoba es de titularidad eclesial, entre otras cosas porque está construida sobre la Basílica de San Vicente, arrasada en su día por los árabes. Fernando III el Santo, de gran sensibilidad artística, prefirió consagrar la Mezquita al cristianismo en lugar de hacer con el templo lo que hicieron los de Mahoma. En Córdoba, los españoles nos jugamos mucho más que la castiza lucha entre clericales y anticlericales. En el año 2000 viajé a Yemen y fui invitada a una reunión privada de hombres en Sanaa. Me preguntaron si las huellas del Islam se conservaban aquí y les hablé de los rastros en el idioma, la arquitectura, las técnicas de cultivo y hasta en la música, pero no parecían satisfechos. Querían saber si España es aún parte de el Al Andalus religioso y cultural. Para ellos –ojo, que hablo de una parte remota de la península arábiga, a miles de kilómetros de nuestro país– la Península es un territorio arrebatado a la «fe verdadera» y aún deseado. ¡Todos conocían perfectamente la existencia de Granada y de Córdoba! Cualquier cesión sobre el templo –incluso sobre su titularidad cristiana– tendría un peso político en el mundo árabe que ni Susana Díaz ni Mariano Rajoy pueden ignorar. Cuidado, porque España no está situada en Centroeuropa, sino que limita con África.