De ladrones a fiscales

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Leo a España, la viuda de Umbral. Al grandísimo Paco le molestaban las frases hechas. No puedo evadirme, en mi texto de hoy, de una de ellas. La vida es una caja de sorpresas. Además de frase hecha es una cursilería. Pero me apresuro a narrarles la sorpresa de mi caja.

En el Club Siglo XXI de Madrid fui excesivamente abrazado una tarde de conferencias. Aquella buena idea de Antonio Guerrero-Burgos dejó de serlo y se convirtió en un tostón. Pero esa tarde me presenté, y un tipo me abrazó con desmesura, larga y cariñosamente, y creo recordar que me osculeó un moflete. Lo curioso es que no lo conocía. No lo había visto en mi vida, y me sorprendió el frenesí. Sí guardo en mi memoria lo que me dijo mientras procedía a despachurrarme: «Ya sabes, cuando vayas a Valencia, me llamas, que yo te lo arreglo todo». Repuesto del choque anímico y de nuevo colocada la corbata en su sitio, pregunté al primero que pasó a mi lado. «Y ese tipo tan abrazador, ¿quién és?». Su respuesta fue lacónica pero precisa. «Es el Bigotes».

Fui a Valencia, no le llamé y a Dios gracias no me arregló nada. En Valencia el que me arregla todo es mi gran amigo Iñaki Zaragüeta, Delegado de LA RAZÓN en el viejo Reino, cuya capital gobierna hoy en día un fantoche de Podemos. Iñaki me informó del personaje con pelos y señales, los primeros más evidentes. Aquel «Bigotes» que tanto me abrazó sin conocerme se me antojó el no va más de la cursilería andante. Más cursi aún que el inicio de un poema de Carmen Loyzaga que leí en la juventud: «Dejadme bordar al sol mariposas y cerezas». Algo tremendo.

En España la Justicia es lenta pero inexorable, excepto si el acusado es Jordi Pujol. En tal caso es lenta y exorable, porque así lo han decidido entre unos pocos. Y aquel «Bigotes» se sienta hoy en el banquillo acusado de graves delitos económicos relacionados con el caso «Gürtel». Él, como Correa, han decidido contarlo todo para colaborar con la Justicia. Llevan diez años de silencios y mentiras y se han convertido en ejemplares ciudadanos acusadores. De ladrones a fiscales. El objetivo no es otro que Francisco Camps, al que quieren responsabilizar de la corrupción del PP en Valencia. A Camps se le persiguió por un ridículo asunto de trajes que el Supremo zanjó a favor del entonces Presidente de la Generalidad Valenciana. Y en diez años, no se ha podido demostrar que se llevara un euro de dinero público a su bolsillo. Por otra parte, y como recuerda Arcadi Espada, la amistad del «Bigotes» con Camps era tan estrecha, que en la grabación de una charla telefónica con el entonces director del «Canal 9», Pedro García, el abrazador define a Camps con la condescendencia que procura una estrecha amistad. «Camps es un cagón, un cerdo, un hijoputa y un mierda». Me figuro que todo ello por no haberle recibido en su despacho oficial. Un político investigado y analizado con un admirable derroche de esfuerzos periodísticos y al que no se le descubre en diez años culpa alguna de apropiación indebida, merece un respeto. Y los principales forajidos de la trama «Gürtel», ya pueden cantar La del Soto del Parral con un decenio de retraso. Recuerda un poco el caso al de Javier De la Rosa, que amenazó con acabar con la Corona si soltaba el pico. La Corona siguió en su sitio y De la Rosa acabó en la cárcel.

Las palabras hay que enriquecerlas con evidencias documentales y documentadas, y no parece que Correa, el Bigotes, Crespo, y demás filibusteros de la «Gürtel» encuentren con diez años de retraso lo que les habría aliviado o favorecido en su momento. He saludado a Camps, sin abrazos, tres veces en mi vida. No defiendo a un amigo. Me limito a recordar que en diez años de persecución afanosa, no se ha podido demostrar indecencia personal en sus actos. Otra cosa es su posible responsabilidad por no haber actuado con mayor contundencia con algunos de sus compañeros del Partido Popular. La corrupción está en las personas, no en el Partido. Pero de ahí a que la palabra de dos mentirosos forajidos reemplacen a las del fiscal, media un océano.