Política

El embudo

La Razón
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Una vez en un avión me leí un libro. No suelo, así que me lo tengan en cuenta que me cuesta mi trabajito. Resulta que un señor muy intelectual, colombiano, había escrito un ensayo sobre los gobiernos de su país y los errores cometidos con la guerrilla. Decía este buen hombre que, en realidad, lo que en principio podía parecer una ventaja, es decir, el hecho de no haber tenido nunca un ejecutivo populista, no lo había sido a la postre. Se preguntaba este pensador si al final no le había salido fatal a Colombia que su población fuera crítica, hípercritica, consecuente. Si no le hubiera salido a cuenta que su gente fuera más dócil, más sacrificada, más alienada. Leo que en Austria han invalidado las elecciones presidenciales y que se tendrán que repetir. Y leo, observo, contemplo que Europa se muestra distante y disciplinada, calladita. Leo también que dicen los medios que esta repetición podría dar alas al populismo de derechas y entonces entiendo que sólo hay miedo a un populismo, a ese que miramos desde nuestra atalaya, desde nuestra superioridad, ese que pensamos que es letal, ese que no nos gusta que ocurra en lo que pensamos casi nuestro. No nos gusta que Iberoamérica decida, pero evitamos criticar que media Europa se decante por lo mismo. Quizá en algunos países no les quedaba otra. Quizá al otro lado del océano no haya otra salida, quizá no les quede otra que optar por ser rehenes, a lo mejor no existe otra solución que dejarse comprar. Me sorprende, sin embargo, esa tendencia nuestra a mirar hacia otro lado con lo de Austria, por ejemplo. Eso, por lo visto, no importa. Es populismo, sí, pero de derechas. Debe ser que aún sabemos distinguir. Debe ser que todavía nos parece bien el populismo de derechas pero nos horroriza el de izquierdas. Adoro esta vara de medir tan nuestra, tan europea, tan altiva. Qué asco damos. No vuelvo a leer.