España toma nota

La Razón
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En los últimos seis meses hemos vivido atrapados en el tiempo, como el protagonista de El Día de la Marmota. Hoy, ya con los resultados del 26-J en la mano, creo que sí podemos decir adiós, por fin, al limbo institucional y tirar a la basura los sondeos. Me lo preguntas muy temprano, no me atrevo a pronosticar alianzas o retiradas, cuando me leas puede que hayan cambiado las prioridades de unos y otros pero, si quieres, esbozo varios fogonazos rápidos de la noche electoral. El PP vuelve a ganar, se recupera sensiblemente y, aun así, nadie le garantiza la Moncloa. Caló el llamamiento de Rajoy al voto útil, convencieron los buenos datos económicos y algunos electores quizá miraron de reojo, con recelo, el efecto Brexit y fueron a votar estabilidad. Ciudadanos se derrumba a favor del PP, muy lejos del papel pretendido de bisagra. Algún malvado podría pedirle ahora a Albert Rivera que dimita él. Y algún otro, si quiere, podría animarse también a ofrecer vicepresidencia y varios ministerios a Pablo Iglesias.

Unidos Podemos no ha materializado el cacareado «sorpasso», tampoco rentabiliza la unión con IU y, de paso, resucita a Pedro Sánchez. Lo sé, lo sé, España siempre guardó su corazón en la izquierda y el raciocinio cerca del hemisferio derecho. España ha tomado nota y, conocido el percal, ha optado por aquello que más conoce. España ha vuelto a confiar en sus dos formaciones políticas históricas.

Pedro Sánchez nada tendrá que temer, en principio, de los barones «amigos» que malmetieron en momentos inoportunos. Los socialistas, a pesar de la rotunda victoria popular, atesoran ahora mismo la llave de la gobernabilidad. ¿Será capaz de aliarse toda la izquierda? A lo mejor, este PSOE prefiere un gobierno del PP y se abstiene, con tal de contener a Unidos Podemos. Madre mía, qué jardín. Pienso ahora en David Cameron. El «premier» ha fastidiado a todos sus socios europeos en grado sumo pero oye, ha dimitido ipso facto. Todo él quedará crucificado en los libros –perdón, en los ebooks– por su nefasta gestión del asunto nacionalista y el divorcio británico de la Unión Europea. Cameron nos salió camarón, pero su pueblo no ha tenido que pedirle que abandone el 10 de Downing Street. ¿Qué podemos esperar de nuestros políticos? Como mínimo, consenso para evitar unas terceras elecciones y que, por favor, se echen a un lado si procede. No miro a nadie...