Esta casa es una ruina

Tom Hanks llevó en 1986 a la gran pantalla «Esta casa es una ruina». La película arrasó en taquilla con un argumento sencillo. Una familia compra una gran casa y se pone a acondicionarla para vivir. Sin embargo, el trabajo de las ratas y las termitas hace de esa tarea un imposible. La casa se cae a trozos. Al final no queda nada en pie.

Ésta parece ser la historia del PSC. Los socialistas catalanes han sido un elemento central de la política catalana durante años desde que en 1978 se fusionaron varios partidos de orientación socialista. La casa común ganó durante años las elecciones municipales y las generales, y se mantuvo en segundo lugar en las autonómicas hasta que Maragall y Montilla acabaron con una hegemonía de 23 años de nacionalismo.

La casa estaba en pleno esplendor. La hegemonía socialista se antojaba total. Sin embargo, los errores de los tripartitos y la entrada en juego de la carta independentista han dejado la casa común convertida en escombros. Las encuestas son malas y siempre pueden ir a peor. Para evitar la ruptura del partido, la mayoría que apoya a Pere Navarro, el primer secretario, ha mantenido una posición que pretendía ser equidistante entre el nacionalismo separatista catalán y el nacionalismo centralista que encarnarían el PP y los Ciudadanos de Albert Rivera. Esta ambigüedad ha sido un completo desastre. Navarro izó la bandera del federalismo al tiempo que servía de muleta al gran eufemismo de la secesión: el derecho a decidir.

El enconamiento de la política catalana ha dejado al PSC en terreno de nadie y es el oscuro objeto de deseo de los que quieren la independencia, un camino imposible sin los socialistas, y los que apuestan por un PSC que se acerque a su electorado tradicional abanderando, sin prejuicios y sin tapujos, el frente antiindependentista. Navarro en las últimas semanas ha insistido en este segundo argumento, lo que ha provocado que las ratas y las termitas se hayan puesto manos a la obra desgastando, más si cabe, la autoridad de Navarro. Para lograr su objetivo, han contado con la inestimable ayuda de los medios de comunicación nacionalistas, que han convertido su minoría –representan un 23% de la militancia– en una aplastante mayoría. La cercanía del 11 de septiembre, que aumenta la fiebre nacionalista, y llevará a roedores e insectos a incrementar su protagonismo desleal. La ruptura está vista para sentencia. Navarro debería actuar y con contundencia. Quizás no es tarde para que en el PSC queden aunque pocos bien avenidos con capacidad para liderar a la sociedad catalana no secesionista. Si Navarro no actúa, dejará al PSC visto para sentencia y de la casa socialista no quedará piedra sobre piedra. O sea, una ruina.