Estado de Bienestar

Según el DRAE, se refiere al «Sistema social de organización en el que se procura compensar las deficiencias e injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales otorgadas a los menos favorecidos». Pero nuestros políticos están –todos– por el suyo personal (y como colectivo-casta) y están desvirtuando la definición de nuestro diccionario y se están cargando un sistema que pusieron en funcionamiento algunas generaciones atrás de los que ahora están en la política. Lo penúltimo, porque a lo peor ya se les ha ocurrido algo mientras escribo estas líneas, ha sido suprimir determinados servicios de urgencia nocturna en algunos pueblos de Castilla-La Mancha con el ya tópico argumento del ahorro y de que todos los afectados tienen a no más de 15 minutos de sus casas un servicio que les puede atender. A pesar de que un notario ha desmentido esta afirmación, planteemos una hipótesis: una persona mayor se pone muy enferma una noche. Avisa a su familia. La abrigan para que no vaya la cosa a peor. Traen el coche. La suben y se ponen en marcha hasta el pueblo más cercano que, según cálculos reales, está –al menos– a treinta minutos de su casa. Salvo que lo monten a empujones y a toda prisa, tengan el coche en la puerta y el acceso a éste sea fácil y superen ampliamente el límite de velocidad de 90 kilómetros, la hora no se la quita nadie.

Lo único que debería ser intocable en una sociedad avanzada debería ser la sanidad y la educación (más investigación). Pe- ro, claro, hay que ahorrar. Vuelvo a ofrecerles algunas ideas a nuestra casta política: suprimir el inútil Senado; eliminar todas las embajadas autonómicas; que devuelvan hasta el último euro todos los que se han aprovechado del sistema y están ahora campando por los medios de comunicación; que quiten todos –todos– los privilegios a los diputados y eurodiputados y que coticen como cualquier trabajador y tenga la pensión que les corresponde, además de reducir su número.

En fin, éstas son algunas ideas que podían poner en práctica cuanto antes y, así, no tendrían que tocar una de las joyas de nuestro Estado de Bienestar: la sanidad rural.