Evasión de vergüenza

La lista confidencial de clientes del HSBC, es interminable. Conocida como Lista Falciani, apellido del ex empleado que supuestamente robó todos esos datos que siguen saliendo a la luz, deja estupefactos a ciudadanos de los países defraudados. Millares de cuentas opacas destapan un fraude de miles de millones de euros al fisco de países de todo el mundo.

Lo que más sorprende es que lo hagan quienes menos necesidad tienen de acumular riqueza ilícitamente, porque sus trabajos, su indiscutible esfuerzo, trabajo, no exento de sacrificio y quizá suerte y de buenos contactos, les ha llevado a atesorar auténticas fortunas, e incluso a llevar sus nombres y su imagen como bandera de compromiso, responsabilidad y buen hacer por el mundo. Ahora esa imagen se desmorona estrepitosamente ante nuestros ojos desilusionados, tristes y decepcionados y nos preguntamos si valía la pena correr ese riesgo. Desconozco si esos paraísos fiscales habrán traído tranquilidad, felicidad, seguridad a sus dueños, o solo egoísmo, superioridad y vanidad, pero lo cierto es que produce mucha indignación y una gran desesperanza para quienes pagan sus impuestos, sobre todo para esos que se ven obligados a vivir con menos de lo mínimo. Quizá con todos esos millones de euros defraudados podían haberse hecho muchas cosas, incluso probablemente alivianar la grave herida de nuestra economía. Hay casos aún más sangrantes, como que Venezuela sea el tercer país, después de Suiza y Reino Unido, que más ha defraudado, -altos cargos de Hugo Chávez depositaron millonarias sumas de dinero-. ¿Qué pensarán los venezolanos y quienes defienden su sistema? Su crisis, desgraciadamente, no es solo económica.