Franco y la historia

La Razón
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Tal día como ayer hace cuarenta años fue una jornada histórica. Murió Franco. En fechas tan señaladas, casi todos, por lo menos los que tenemos una cierta edad, recordamos dónde estábamos o lo que hacíamos. Yo estudiaba segundo de Ciencias Políticas. Vivía en la calle de la Victoria, al lado de la Puerta del Sol, centro neurálgico entonces del ambiente taurino y en plena zona del tapeo madrileño. Recuerdo también las largas colas que se formaron, que veía desde mi habitación y que llegaron desde el Palacio Real hasta la Carrera de San Jerónimo; estaban formadas por ciudadanos que querían acercarse hasta la capilla ardiente donde se habían instalado los restos del hasta entonces Jefe del Estado. Supongo que unos fueron por ser adictos al régimen, otros por tener conciencia de que estábamos viviendo un hecho histórico y querían su parte de protagonismo, y, por último, un tercer grupo para asegurarse de que era verdad, de que Franco había muerto, porque de todo había.

Pasados cuarenta años de aquellos hechos, ya va siendo hora de que la historia haga su papel y se analice la figura de Franco y su régimen, que duró casi otros cuarenta años, sobre la base de los hechos que protagonizó, huyendo todo lo posible de la ideología. La España de hoy tiene muy poco que ver con la de hace cuatro décadas, tanto desde el punto de vista político, como del económico, social y cultural. O eso es al menos lo que creemos aquí dentro, y es verdad. Sin embargo, por ahí fuera, cuando hablas con ciudadanos de otros países que vienen aquí por razones de trabajo, de segunda residencia o de turismo, te dicen que todavía se nota que no hemos pasado página del todo. Y la verdad es que también tienen su parte de razón. En cualquier caso, Franco es historia y como tal se debe tratar.