Habló Nerón de pirómanos

Elena Valenciano cree que María Dolores de Cospedal, que llevaba desaparecida desde aquella rueda de prensa en la que intentó explicar la relación laboral de Bárcenas con el PP y se metió en un jardín de proporciones babilónicas, no hizo otra cosa, en su reaparición pública del pasado sábado, que echarle gasolina al fuego de los acosos e intimidaciones que se organizan con el beneplácito y la intendencia de la izquierda extrema, y el silencio cómplice, cuando no el aplauso público, de esa otra izquierda a la que se le supone sentido de Estado y cuyo número dos es la propia Valenciano. Los que encabezan estas manifestaciones intimidatorias y coactivas están traspasando a diario los límites de lo que una democracia de verdad, y no las bananeras que tanto le gustan a la llamada Izquierda Plural y su brazo armado de los antisistema, puede tolerar. Cospedal fue políticamente incorrecta, desde la óptica de quienes llevan años repartiendo carnés de corrección, al afirmar que los llamados escraches tenían un componente nazi. Inmediato rasgado de vestiduras de aquellos que se callaron, o incluso aplaudieron a Ada Colau cuando, en una comisión del Congreso, llamó asesino al representante de la banca española que había intervenido antes que ella. Eso, naturalmente, no era echar gasolina, ni siquiera leña. En cualquier país serio hubiera sido motivo de una querella por gravísimas injurias contra esa señora que estuvo muda, ejerciendo no de Ada Colau, sino de hada madrina, cuando con los gobiernos de Zapatero se ejecutaban desahucios sin la más mínima publicidad en los medios que ahora abren a diario con ellos. Con fuego los que están jugando son quienes jalean las algaradas con amenazas en domicilios particulares desde la impunidad de sus escaños. Que Elena Valenciano hable de fuego y gasolina es como si Nerón hubiese escrito uno de sus espantosos poemas criticando a los pirómanos.