Hacia la libertad económica

Hace un par de semanas, comentaba la aparición en español de un libro extraordinario debido a Jonathan Teppers y titulado «Código rojo». No deja de ser significativo que el autor del prólogo del más que recomendable volumen fuera Daniel Lacalle, un economista español residente en Gran Bretaña y autor a su vez de una obra que acaba de salir a la calle titulada «Viaje a la libertad económica: por qué el gasto esclaviza y la austeridad libera». Me consta que hay gente que siente algo de repelús al escuchar la palabra economía. Después de dedicar una hora diaria al tema en un programa de radio a lo largo de una década, yo estoy todavía más convencido de que casi la única manera que existe para que los políticos no te engañen es examinando a fondo los datos económicos. Lacalle señala con razón que, a pesar de que se nos vende la moto de que estamos practicando la austeridad en el seno de la Unión Europea – austericidio lo denominan las izquierdas demostrando su pésimo conocimiento del idioma – la realidad es que, según datos de Eurostat, hoy veintisiete países de la UE gastan todavía más que en el pico de la burbuja en 2007. En otras palabras, no se ha reducido el gasto, sino utilizado en favor de sectores muy concretos desnudando – casi literalmente – a otros. Ni siquiera la alegre Grecia es una excepción a esta situación generalizada. Pero lo importante ya no es sólo que el conocimiento de la situación económica real nos permite saber dónde nos engañan y dónde nos dicen la verdad. Lo verdaderamente relevante es que sólo tenemos posibilidad de salir de la crisis y recuperar la prosperidad si asumimos que el gasto no nos beneficia, sino que nos perjudica gravemente y que la austeridad es la única garantía de poder liberarnos alguna vez de la losa que ya pesa sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Es verdad – Lacalle lo explica magníficamente – que millones de ciudadanos sólo aspiran a que el Estado gaste más y más en solucionar sus problemas. No se dan cuenta de que no sólo no suele solventarlos, sino que, además, ese gasto implica subidas de impuestos que destruyen empresas incapaces de enfrentarse a la presión fiscal y envían a millones de personas al paro. Son el sistema capitalista y la libertad económica que éste exige para poder funcionar adecuadamente los que han creado riqueza y prosperidad para más gente. Distanciarse de esa libertad significa encaminarse hacia la miseria.