Jamás, y jamás es jamás

La Razón
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Jamás, y jamás es jamás, he recibido una sugerencia, ni expresa ni como insinuación, para participar ni orquestar una campaña contra alguien en LA RAZÓN, donde trabajo desde el primer minuto de su creación, hace ya 18 años. Mucho menos la de publicar una noticia falsa. Ni por parte de nuestro presidente Mauricio Casals, ni de nuestro director Francisco Marhuenda, ni de nadie con autoridad por la que pensara poder hacerlo.

En nuestro periódico, en mi periódico, existen limitaciones informativas, es verdad. Son muy claras. Están marcadas en los principios fundacionales de LA RAZÓN, con los que por cierto comulgo sin esfuerzo. De ahí que me haya enfurecido su obligado e inútil protagonismo, así como leer algunas líneas torticeras, que he considerado procedentes más de sentimientos poco nobles que de la realidad.

Diré más, Casals me ha demostrado desde hace un cuarto de siglo tan absoluta confianza, credibilidad y honradez que no pude evitar la calificación de excesiva, incluso injusta, a su convocatoria ante el tribunal. Lo mismo digo de Marhuenda, al que conozco hace menos tiempo. Desde la humildad, pido y espero un rápido desenlace, que no puede ser otro que la desimputación. Fortalecerá mi credibilidad en la Justicia, tan necesitada hoy de admiración.

He sentido la necesidad de escribir estas líneas. Desde la verdad, desde el corazón. Por eso, hoy me siento aún más orgulloso de pertenecer a esta tropa que tantas cotas ha conquistado. Y a modo de estrambote, me viene a la memoria lo que alguien diría algún día «se puede dudar de muchas cosas, pero no de las palabras de un hombre honrado». Este es el caso. Así es la vida.