La catástrofe de socialistas y podemitas

La Razón
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Estas cuatro décadas de ininterrumpido gobierno socialista habían convertido Andalucía en un feudo donde se han producido todo tipo de desmanes y escándalos. Se había consagrado como normal un amiguismo desaforado en las administraciones públicas y un conjunto de prácticas clientelares que producían auténtico bochorno. Este estado de cosas, esa anomalía donde el PSOE de hecho era casi un partido único, parecía convertir en imposible cualquier cambio. Otra cosa eran las diputaciones y los municipios. El susanismo, como antes el chavismo, era una mezcla de populismo y victimismo que estaban aderezados de una arrogancia sin límites y de una apropiación de Andalucía de forma patrimonialista donde se repartía el carné de buen andaluz en función de la sumisión a la todopoderosa Junta de Andalucía. El principio del fin del susanismo y quizá de esa hegemonía imperfecta, porque no tenía mayoría absoluta, del socialismo andaluz se produjo con la derrota de su omnipresente lideresa frente a Pedro Sánchez.

Es un duro golpe para la ahora presidenta en funciones, pero también para Sánchez y su gobierno bonito que está desgastado por los escándalos y los errores tanto estratégicos como tácticos. El presidente del Gobierno pasa más tiempo ejerciendo de Marco Polo que resolviendo los problemas que afectan a los españoles. Tanto fuego de artificio y esa obsesión infantil por remover el cadáver de Franco, propia de un antifranquismo de quien vive desconociendo la realidad histórica e instalado en un hedonismo intelectual poco consistente, le pasa ahora factura en las urnas. No basta con sacar a pasear el dictador como argumento ideológico o mover el espantajo de la Gurtel para desgastar al PP, incluso cometiendo el despropósito de utilizar la documentación de los fondos reservados por intereses estrictamente partidistas.

La derrota del PSOE es histórica, sin cuartel, pero parece que no se enteran y miran ensimismados el dedo en lugar de la Luna tras creer que un personaje desprestigiado y sectario como Tezanos y su manipulado CIS de la “señorita Pepis” iban a cambiar una tendencia que se ha convertido en un auténtico tsunami para la izquierda española. Ha irrumpido Vox en el panorama político y habrá que ver que hace ahora que se incorpora a las instituciones. Los que en su día jalearon la llegada de Podemos, los periodistas y los medios que la aplaudieron, deberían de ser coherentes y esperar para ver cuál es la actuación de Santi Abascal y los suyos. La formación de Pablo Iglesias era una izquierda radical y antisistema, que gritaba “No nos representan” hasta que empezaron a ocupar cargos y gobernar instituciones. Finalmente, el PP ha sacado un buen resultado dentro de los aspectos negativos de retroceder, pero se mantiene como segunda fuerza, y el éxito histórico de Vox. Por su parte, Ciudadanos ha tenido un gran éxito, pero insuficiente para presidir la Junta de Andalucía. Es algo que le corresponde, le guste o no, al PP. Hay diversas opciones, pero los electores de PP, Ciudadanos y Vox no entenderían que no hubiera un acuerdo. Hay una oportunidad histórica para lograr el cambio en Andalucía y acabar con el régimen que montó el PSOE. Los tres ganadores no tienen que caer en las trapacerías y trampas de una izquierda que no quiere perder, bajo ninguna circunstancia, la mamandurria en su satrapía más importante.