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La coleta de la reina

Tiempo de lectura 2 min.

01 de junio de 2017. 21:50h

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Pedro Narváez 1/6/2017

Hoy se cumple el tercer aniversario de la abdicación de Don Juan Carlos, el rey viejo como le llama ya casi todo el mundo. Lo de Emérito no ha calado. Seguramente no le haga gracia saberlo, o sí. Alguien dijo que la juventud, ¿o era la adolescencia? es una enfermedad que se pasa con los años. Ese Rey un día fue joven, cuando España aún lo era también. Y fue un gran Rey en una Nación ilusionada. Luego, España, se encontró con que la democracia era esto, un ir y venir del carajo que diría Márquez. El nuestro es un país que renueva sus cúpulas a la vez que le salen arrugas. Algo muy raro que seguramente tendrá una explicación científica que desconozco. El país se cansa y se escandaliza con la facilidad de una comadre detrás de una ventana, viendo cómo las muchachas en flor deambulan por la calle. Los jóvenes regeneradores se vestirían de luto como Bernarda Alba, con los aspavientos de Nuria Espert, o como los supertacañones, si prefieren una versión más pop para decir lo mismo, pero sin el pantone son poca cosa. Necesitan de las plumas de colores de un pavo real. Afortunadamente, el Rey joven suele ir de gris o azul oscuro y ha optado por la discreción más que por el artificio. Si fuera el presidente de una República, nos asaetearía con ruedas de prensa de esas con las que se nutre el periodismo declarativo, que consiste en hacer noticias con frases más o menos llamativas. Puigdemont, presidente in pectore de la república bananera de Cataluña, sabe de lo que les cuento. Sólo por eso merece la pena ser monárquico. Nos entretenemos en boberías. La coleta «bubble» de la Reina joven, esa que se hace con formas de bolas, recorre esta semana las páginas de las revistas españolas y extranjeras. Mañana serán sus bolsos. Pareciese que lo que llaman pueblo esperara ansioso un nuevo estilismo como un salvoconducto, tanto que unos zapatos llevan su nombre. Nada nuevo. En 1862 Isabel II mandó parar su carruaje entre Puerto Real y San Fernando porque andaba apurada la mujer. Dese entonces a aquel lugar, hoy convertido en barriada, se le llama el meadero de la Reina. El machismo, tema mayor del que se habla con una ligereza inmoral en programas del cuore, se refleja en cómo se trata a las reinas en contraste con sus parejas, que cargan con la desgracia de vestirse para ellos mismos porque apenas se les radiografía la indumentaria sino el patrón del discurso de Navidad. Hace tres años, pues, que un Rey hizo a otro Rey, que es lo importante. Bienvenidos al mundo real.

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