La séptima clave

Encontrar maneras de recuperarse es, según la ciencia, la séptima clave para ser más feliz. Y es natural en todos los seres vivos tener mecanismos muy despiertos para superar traumas de toda índole. Sin embargo, las criaturas humanas nos aferramos a veces al dolor de una manera absurda y desesperada. Nos convertimos en masoquistas, llegando a grandes niveles de autodestrucción. Es un mecanismo inconsciente, por supuesto, que nos amarga la vida, claro. Pero, en el fondo, percibimos un misterioso placer en sentirnos victimas y andar renegados contra humanos y dioses.

Es un sentimiento egocéntrico y, como tal, termina dándonos palos a porrillo. Yo, pobre de mí, el ser más injustamente tratado. Yo, el mejor, el más grande, el más todo, castigado sin motivo. Horror. El ego nos juega malas pasadas en cuanto nos despistamos. Así que hay que estar muy atento y no permitirle inflarse. Nosotros creamos nuestra realidad, lo que dicta nuestro pensamiento va directo a los sentidos, a la forma de ver y vivir los acontecimientos. Si tienes una caída y te levantas, puedes sentirme fatal y preocupado por haber caído, o muy contento por haberte podido levantar. Depende del carácter o de la educación que des a tu pensamiento. Saber que podemos cambiar la tendencia originaria, descubrir que poseemos cierto libre albedrío a la hora de vivir es algo precioso. Difícil también, mucho. Por eso el ejercicio ha de ser constante y divertido. Se trata de hacernos conscientes. Conocer nuestras condiciones y jugar a mejorarlas día y noche. Dar al enemigo, nuestro tirano interno, unas cuentas dosis de amor y humildad. Y al externo, los otros, exactamente lo mismo. Recuperarnos porque queremos, porque nos gusta la vida.