La solución catalana

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Hubo un tiempo, no hace mucho, en el que Cataluña era sinónimo de progreso, de innovación, de intelectualidad... Todo ocurría antes allí y el resto de los españoles parecíamos unos paletos cada vez que visitábamos Barcelona con cualquier excusa. Eran los años del Puente Aéreo, de las empresas punteras, del apogeo literario gracias a sus editoriales y escritores. Entonces, parecía que el lastre era Andalucía, donde ni se trabajaba ni se creaba riqueza. Quizá había también mucho tópico, pero existía ese sentimiento. Incluso algunos veían al sur de España como un lastre histórico y de futuro sin solución.

Pues bien, han pasado unos años y todo se ha vuelto del revés. Las empresas han salido huyendo de Cataluña por la amenaza independentista, por la corrupción galopante o, simplemente, porque aquel mercado ya se les había quedado pequeño. Y se fueron para no volver, pues algunas incluso han triunfado en el extranjero.

El problema es que los políticos que propiciaron aquella quiebra en la Sanidad –antes puntera– en la exportación, en la Educación, en la inversión... siguen allí. Y en vez de repensar el papel que podían jugar en el futuro de España y de Europa, se echaron al monte del independentismo. Y el reproche que más se hacía a los andaluces, el de la corrupción, adquirió una dimensión que afecta allí desde el fútbol hasta la Presidencia de la Generalitat.

Estuve la semana pasada en Málaga y puede comprobar, una vez más, su pujanza empresarial, cultural y, por supuesto, turística. Y hablamos también de Almería, una máquina de exportar verduras, frutas, mármol o lo que se tercie. Un empresario me dijo que el turismo es una oportunidad para desarrollar otras empresas y que eso es lo que han hecho. Sin embargo, Cataluña se ha quedado ahí.

Naturalmente, el problema no es de los catalanes, sino de los políticos, que en vez de facilitar las cosas parecen sólo preocupados por sus cosas. No hay más que ver las discusiones recientes del PSC para darse cuenta del mundo irreal en el que se mueven.

En Andalucía echaron a Chaves y Griñán, y a unos cuantos más. Quizás la solución de Cataluña pase también por renovar a toda su patulea de políticos. Y que los nuevos que vengan se pongan a trabajar. No hay otra forma de salir adelante. Pero eso tendrán que hacerlo los catalanes. No les queda otra.