Política

La sombra de Podemos

Las crisis muy largas, como ésta que comenzó en 2008, permiten la irrupción de fuerzas políticas que buscan la destrucción del sistema y que ofrecen peligrosas utopías que no tienen ninguna consistencia. Lo que sucede con Grecia es una buena muestra de las consecuencias de un voto airado, irracional e irresponsable. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, estuvo muy acertado cuando le dijo a su colega griego, Yanis Varufakis, que es muy fácil hacer promesas cuando se pretende que las paguen terceros. La izquierda radical griega pretende, al igual que hace Podemos, que Europa pague sus propuestas disparatadas. No deja de sorprenderme la alegría con que contemplan los desequilibrios presupuestarios o el endeudamiento.

La mayor parte de los economistas de izquierdas y algunos de derechas tienen una concepción estatista de la economía realmente inquietante, así como una pasión por las políticas keynesianas que causa estupor. Esa tendencia dogmática e inflexible es el origen de buena parte de nuestros problemas. Han creído que le corresponde al Estado, en mayúsculas, una herencia del franquismo y el comunismo, resolver todos los problemas. Es muy fácil apretar el botón de la «máquina» para crear dinero como si no fuera de nadie. Nada más cómodo que aumentar el gasto público, pero en ocasiones caen los ingresos del Estado y se corre el riesgo, como sucedió en 2012, de entrar en una situación de colapso y tener que suspender pagos. El Gobierno de Zapatero creyó que la crisis de 2008 era de corto recorrido y sacó el manual keynesiano. Fue un error porque entramos en una peligrosa caída de ingresos a la que se unieron los habituales problemas estructurales de nuestra economía, así como la crisis del euro. Zapatero acertó en 2011 cuando tomó la difícil decisión de consagrar la estabilidad presupuestaria con la reforma del artículo 135 de la Constitución. No hay duda de que salvó a España de la intervención y una crisis de mayores consecuencias. Lo mismo se puede decir de Rajoy cuando hizo las fuertes reformas y recortes y decidió no pedir el rescate. Eran dos decisiones difíciles para ambos pero de consecuencias históricas muy positivas.

España necesita una izquierda responsable, coherente y centrada. No necesita formaciones que quieran romper el sistema desde el desconocimiento de la profunda transformación que ha vivido nuestro país desde 1975. Es cierto que Podemos es el resultado del fracaso programático de la izquierda y que un grupo de profesores sin experiencia fuera del reducido mundo de las aulas universitarias ofrece una utopía inconsistente que puede resultar muy atractiva en un país castigado duramente por el paro y el descrédito provocado por los escándalos de corrupción.

Al igual que sucedió en las revoluciones francesa, rusa o cubana, estamos ante jóvenes de clases medias y altas que, rodeados del aura de intelectuales, quieren transformar la sociedad para adaptarla a una concepción sustentada en una izquierda radical y antisistema. La comodidad de esas posiciones personales les permite contemplar con displicencia los éxitos de la Transición española y los avances de la democracia en los terrenos económicos, sociales, culturales, institucionales y educativos. Es una visión tan elitista como inconsistente, porque el salto cualitativo que ha vivido nuestro país es extraordinario. Es muy injusta esta descalificación global de los políticos, que alegremente llaman «casta» cuando la inmensa mayoría son personas honradas y vocacionales así como mejor preparados que las élites de Podemos, que están faltas de experiencia y cuentan con una formación unidireccional.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el comunismo ha querido acabar con las democracias liberales, a las que tildaba de burguesas, pero la realidad es que la aplicación de sus teorías ha sido un desastre en todos los países del mundo donde han conseguido el poder. Los dirigentes de Podemos utilizan los mismos términos y planteamientos, aunque ahora los aderecen con nuevas palabras para atraer el descontento social. Es la vieja idea de igualar por debajo en lugar de fortalecer la sociedad mejorando el Estado del Bienestar o gestionando la economía con rigor y eficacia. España necesita que el PSOE se recupere, porque no somos Grecia, Bolivia, Ecuador o Venezuela. La alternancia desde el centro ha sido una de las bazas fundamentales que explican el éxito que ha vivido nuestro país desde 1975. El PSOE ha sido una pieza clave desde que Felipe González supo instalarse en la posición de una izquierda, con aciertos y errores, capaz de garantizar la estabilidad y generar credibilidad. Estos dos valores son fundamentales para que la recuperación se mantenga y los frutos de las reformas estructurales sean duraderos. La alternativa al PP o al PSOE es un modelo caótico, desordenado e inconsistente como el que ha triunfado en Grecia y puede llevarla al desastre.