Política

Las elecciones del 28 de abril

Tendremos que esperar al próximo viernes, pero todo apunta que las elecciones generales serán el 28 de abril. El domingo adelante en esta columna que serían en abril y todo parece indicar que Pedro Sánchez se decanta por esta fecha. Cuando conté los días posibles dentro de ese mes también aparecía el emblemático 14 de abril que nos retrotrae a 1931 y la proclamación de la República, pero me pareció que una pirueta de estas características no era capaz de hacerla ni alguien tan osado como el presidente del Gobierno. Es cierto que le gusta hacer aquello que nadie espera y es verdad que nadie imaginó que pudieran ser el 28 de abril. Unos decían que el superdomingo era perfecto, otros que en otoño y estaba también el agotar la legislatura.

La realidad es que ya está agotada y la estrepitosa derrota en la votación del proyecto de Presupuestos Generales solo le deja la opción de una legislatura agónica donde ni siquiera sería un pato cojo como se dice en Estados Unidos cuando el presidente está al final de su mandado y sin posibilidad de reelección. La marea de centro derecha parece clara y diáfana, aunque la capacidad de análisis en el Gobierno y el PSOE está algo mermada como se pudo comprobar con el resultado en Andalucía. Es cierto que siempre les quedará Tezanos que ha conseguido situar el CIS en un nivel desprestigio que nunca nadie hubiera imaginado. El nivel de sectarismo y fanatismo de este dirigente socialista eclipsa su entendimiento y olvida que es un sociólogo.

Los Presupuestos Generales del Estado son la ley ordinaria anual más importante para cualquier gobierno y cuando se pierde la votación solo cabe una moción de confianza o la convocatoria electoral. Por tanto, Sánchez tiene que ser coherente con lo que dijo hace unos años y celebrar unas elecciones. No hay que olvidar que consiguió el poder gracias a una moción de censura, que sin lugar a dudas era legal aunque sin un programa de gobierno e incumpliendo su compromiso de disolver las cámaras. Fue una mayoría “Frankenstein” movida por el único objetivo de tumbar a Rajoy y en la que el PNV, que le acababa de votar los Presupuestos, se sumó porque no tenía otra salida debido a la presión de los medios de comunicación y el temor del desgaste que le podía provocar el quedarse solo con Cs y CC apoyando al PP. No hay que olvidar que el PNV es tan de derechas como el PP. Una sorprendente pirueta hizo que el PDdeCat apoyara a Sánchez cuando Puigdemont quería lo contrario. Y todo se hizo con la excusa de una frase impuesta artificialmente por motivos partidistas y sectarios en una sentencia con el único y espurio objetivo de tumbar a un gobierno. Un auténtico despropósito judicial. Esta es la realidad.

Es cierto que los periodistas y analistas de izquierdas no quieren elecciones. Las excusas que presentan son realmente pintorescas, porque no quieren que los españoles cambien este gobierno como sucedió en Andalucía. Me gusta recordar que Sánchez consiguió en sólo seis meses acabar con el feudo socialista más importante. No me importa que el PSOE gobierne, la alternancia es el fundamento de la democracia y es malo que no se produzca porque se generan prácticas políticas deleznables, pero no me gusta que algunos de sus “socios” sean los independentistas y los Bildu-etarras. Me alegró mucho la victoria de Felipe González porque significó la conclusión o el epílogo de ese gran éxito colectivo que fue la Transición y entramos en la normalidad política.

A Sánchez no le queda más alternativa que convocar elecciones. Nada tiene que ver la manifestación del domingo o que los Presupuestos prorrogados sean los del PP. Lo tiene que hacer porque ha perdido una votación emblemática, lo que en sí mismo es una auténtica censura, y porque si se mantiene en estas circunstancias lleva a su partido a un fracaso histórico.

Ahora tiene una alternativa, porque cada día que pasa es malo para él y bueno para la oposición.