Política

Los Reyes, sobresalientes

Vestidos de manera impecable y como mandan los cánones, el Rey con uniforme azul marino de gala de la Armada con los galones en la bocamanga correspondientes a su condición de Capitán General de éste Arma y la Reina con un traje largo de color azul verdoso bordado en las mangas y en la falda con el sello inconfundible de su diseñador de cabecera Felipe Varela.

Don Felipe y Doña Letizia ofrecieron una vez mas una imagen sobresaliente en la principal tarea que tienen encomendada: la representación del Estado español. La Reina, que aplica en su arreglo personal esa máxima que dictan los que mandan en la moda de que «menos siempre es más», lucía como único adorno en su elegante atuendo unos pendientes de piedras semipreciosas, a juego con el color de su traje, de diseño avanzado y poco convencional.

Está claro que Doña Letizia no se siente cómoda con las joyas de familia que con tanta frecuencia usaba la Reina Sofía y prefiere utilizar las piezas de su propio joyero en el que, por cierto, debe guardar los anillos que llevaba hasta hace dos años, incluida la alianza de casada. Por cierto, ayer la Reina dejó sorprendidos a los medios gráficos al arriesgarse a ir a cuerpo en la fría aunque soleada mañana madrileña en vez de echar mano de algún echarpe que cubriera sus hombros tal y como solía hacer en la misma ceremonia la Reina Sofía.

En el Patio de la Armería, se recuperó la tradición de rendir honores de ordenanza al Jefe del Estado español, retumbaron los veintiún cañonazos que manda el protocolo, volvió a sonar el himno nacional y el Rey pasó revista a la Agrupación mixta de la Guardia Real, tras años de suprimir esos pasos de la ceremonia de la Pascua Militar debido a las dificultades de movilidad del anterior monarca. Todo ello dio mayor brillantez a un acto que se considera el inicio de un nuevo año castrense y cuyo origen está vinculado al deseo de otro Rey, Carlos III, de agradecer al ejército su valerosa acción al recuperar una plaza tan importante como Mahón que estaba en manos de los ingleses.

Antes de la ceremonia propiamente dicha, los Reyes saludaron en un besamanos a los doscientos invitados al acto, casi todos ellos militares, y en el que el Gobierno estuvo representado por su presidente, Mariano Rajoy, y las ministros de Defensa y de Interior.

Acostumbrados hasta ahora a ver en este acto a Don Juan Carlos y Doña Sofía junto a los que eran entonces Príncipes de Asturias, sorprendía ver en solitario a Don Felipe y Doña Letizia presidiendo la Pascua Militar delante de esos dos sillones que simbolizan lo que es el trono de España. No ha sorprendido, por tanto, el homenaje mas que merecido que el Rey ha querido tributar a su padre en un escenario en el que posiblemente se activó hace un año la idea de la renuncia al trono por parte de don Juan Carlos que ya rondaba hacia tiempo por su cabeza. Las palabras de Don Felipe quisieron, quizá, compensar el mal rato que pasó el anterior Capitán General de las Fuerzas Armadas el año pasado cuando intentaba terminar su discurso después de perder el hilo y recuperarlo a muy duras penas.

Tras los discursos, los Reyes han ofrecido una copa a los asistentes al acto que, por cierto, impide cada año a las hijas de los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía, disfrutar con sus padres de los regalos que les dejan los Reyes. Son exigencias del cargo que seguro ellas dos han asumido hace años.