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Martes y trece

Tiempo de lectura 4 min.

14 de junio de 2017. 03:12h

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Tomás Gómez 14/6/2017

La estrategia de Podemos es siempre la de desgastar al PSOE, que, precisamente, no atraviesa por su mejor momento. La moción de censura que se está debatiendo en el Congreso de los Diputados no nació como una iniciativa para cambiar un gobierno por otro de manera democrática, ni siquiera como un instrumento parlamentario para desgastarlo desde la oposición política. Su motivación descansa en un nuevo intento de demoler al Partido Socialista.

Comenzaron con el anuncio de su iniciativa intentando coger con el pie cambiado a los socialistas, no tanto porque estuviesen en medio de un proceso de elecciones primarias para elegir secretario general, sino por las circunstancias en que se estaba desarrollando este debate.

En efecto, algunos habían conseguido establecer en la opinión pública como hecho cierto que lo que se ventilaba realmente en las primarias era si debían dirigir el PSOE aquellos que habían permitido con su abstención que el Sr. Mariano Rajoy gobernase o, en cambio, merecían la calle Ferraz aquellos que habían sido apartados de la dirección por no estar dispuestos a ello.

En este escenario, el Sr. Pablo Iglesias vio claro por qué grieta podía golpear de nuevo al PSOE, independientemente de quien fuese el vencedor de la competición democrática.

Si la ganadora hubiese sido la Sra. Susana Díaz, solo debía apropiarse del discurso que ya habían hecho sus adversarios internos, que la habían situado como responsable del voto socialista en la investidura del Sr. Rajoy. Por tanto, no sumarse a la moción daba la cobertura necesaria para machacar en esa herida: de nuevo los socialistas con la Sra. Díaz al frente volvían a ser colaboradores necesarios del PP. Además, es muy probable que tal construcción hubiera encontrado eco interno en el PSOE.

Pero la jugada también servía al Sr.Iglesias en caso de que el ganador de las primarias fuera el Sr. Pedro Sánchez, porque era evidente que el PSOE no podía apoyar en ningún caso la moción de censura.

Por tanto, los cálculos del líder podemita le salían en cualquiera de los escenarios: el Sr. Sánchez se convertiría en ese momento en el responsable de que el Sr. Rajoy siga siendo el presidente del gobierno y sería el nuevo símbolo de colaboracionismo con la derecha, convirtiéndose en diana de los dardos que antes fueron para otros.

Por su parte, el Sr. Rajoy también ha visto en la moción de censura una ventana de oportunidad y ha comenzado dando una sorpresa, respondiendo a la Sra. Irene Montero directamente. Algunos podemitas han intentado explicar este hecho de manera un tanto naíf, arguyendo que tal intervención se debe a la preocupación que supone para el PP las consecuencias de la moción.

Sin embargo, no hace falta ser un genio en estrategia política para situar la razón real de este movimiento en un intento del PP de convertir una moción de censura, que nacía fallida, en un simulacro de debate de la nación, en la que el presidente establece el marco de debate.

Después de la intervención del Sr. Rajoy, el Sr. Iglesias deberá esforzarse por recuperar el protagonismo del debate e intentar salir convertido en el líder de la oposición, por delante de los socialistas que le aventajan en número, pero van por detrás en reflejos.

Esto ha hecho que hoy la fuerza política más desdibujada sea el PSOE, que se ha agarrado al argumento de que el Sr. Iglesias no apoyó al Sr. Sánchez en su intento de investidura. Tampoco parece que Ciudadanos obtenga de este debate dividendos políticos. El saldo neto para cada partido político se verá en unas semanas, de momento solo sabemos que empezó en martes y trece, aún no sabemos para quien o para quienes.

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