Soltera

La Razón
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La otra noche quedé a cenar con dos parejas amigas en un sitio muy moderno de esos que se llaman ahora after work y donde mientras unos comen otros se dan besos con lengua. Quedé con ellos y me estrené para la ocasión unos zapatos que me compré por Internet, porque yo ya por no salir es que no salgo ni a comprar. Los zapatos de perfil eran muy bonitos y ahora comprendo por qué los colocan de perfil en las fotos porque de frente es que no pueden ser más feos. Son un poquito de chúpamelapunta, pero llevan plataformón y me hacen alta, así que como no les veía hacía bastante, me los puse para parecer más esbelta. Llego a la cena en ese sitio moderno y resulta que era comida asiática. A mí la comida asiática no me importa que exista pero que no me pregunten porque nunca se lo que como. Pedimos bao, nemtom, satay, kimuchi, sopa tom yam, momo, y dumpling de panceta. Claro, yo vi panceta y me tiré de cabeza porque fue lo único que entendí, pero claro, la panceta asiática no tiene nada que ver con la tajá de tocinazo que yo imaginaba y acabé masticando un pan de chicle con sabor a fritos barbacoa. Pero como ya llevaba un pisco cargadito me hubiera comido un mapache empanao. Quedar con parejas felices tiene una cosa buena: ellos suelen piropearte porque les da ternura el deshecho de tienta. «Pero estás maciza, estarás que lo rompes, ahora nos tienes que contar tu vida amorosa, que algo te habrás echado al cuerpo». Que tú les miras y te dices para tus adentros: si supieran que solo recuerdo vagamente que se hacía con otra persona y se pasaba bien. Hasta que llegan dos momentos aún más críticos. «¿Es verdad que tu ex tiene novia? Me han dicho que es rubia y muy mona». Y el segundo: «Has cogido peso, ¿verdad? Estás mucho mejor redondita». Así que cuando te despides y les das muchos besos y bajas la calle llevas ese REDONDITA taladrándote y te vas mirando en todos los escaparate y te dices: ya no salgo más. Pero ellos te envidian, eh. Ay, la soltería, qué felicidad.