Un año de (des) gobierno

Por estas fechas, el nuevo gobierno de Artur Mas tomaba posesión. Las urnas habían deparado un amargo resultado. No habían dado la respuesta al órdago del presidente. Al contrario, le dieron la espalda. Esperaba una mayoría absoluta y se encontró con una mayoría hecha jirones y fuerzas mermadas. Quiso adelantarse al tiempo pero el tiempo le negó esta prebenda. «Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí», dijo William Shakespeare.

En un año, la sociedad catalana está fracturada, partida en dos. El debate identitario lo ocupa todo. No deja resquicio. Ni el fútbol se sustrae. Los sentimientos, las tripas y el corazón subyugan al análisis y a la razón. En un año, el gobierno ha estado ausente. Sin presupuestos, las inversiones se han quedado en mera entelequia. Los recortes, una constante que ha noqueado las paupérrimas economías domésticas. Las políticas sociales, escuálidos enunciados que han dado al traste con las pocas ilusiones que les quedaban a los más necesitados. El paro una lacra. Y un empleo, lejos de ser un pie en la vida, se ha convertido en una rara avis que en muchas ocasiones no da ni para llegar a final de mes. Los impuestos, las tasas y los precios de los servicios han pasado su factura. Muchos no pueden pagarla.

Dicen los voceros de la buena nueva de Mas, y sus compañeros de aventura, que estamos en un momento histórico. Que Cataluña está en un tris de volver a ser «rica y plena». Sin embargo, en un año de gobierno los encargados de poner los cimientos han estado de vacaciones. Podemos pagar la consulta, podemos pagar la propaganda interior y exterior, podemos dar subvenciones a esa sociedad civil que vive del clientelismo, pero no podemos pagar la calidad de vida. Dicen que nos hemos de apretar el cinturón. Desde su mirador privilegiado no ven que a muchos les faltan ya agujeros.

Mas ha malgastado su tiempo y ahora el tiempo le malgasta a él. Lo busca con ahínco pero no lo encuentra. Lo fía todo a que ERC entre en el gobierno pero la cacareada pincelada social de los republicanos no irá más allá de los fuegos de artificio. Un año de Mas tiene su mejor definición en Jorge Luís Borges: «Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos». Al menos, gobiernos que pierden el tiempo en viajes mesiánicos que hablan de futuro y maltratan el presente, y a los presentes.