Política

Un año más, judías

Las consignas son fáciles de lanzar. Pero las matemáticas no mienten. A primera hora de la mañana, varios ministros y diputados del PP tomaban café en un bar cerca del Congreso. «Rajoy hará un discurso espléndido, con medidas y datos irrefutables». A escasos metros, dirigentes del PSOE decían lo contrario: «Pedro dibujará una España muy diferente». Y así las cosas, la opinión en ambos grupos era coincidente. El presidente del Gobierno, con ocho debates a sus espaldas, hace un buen balance de gestión y quiere movilizar a su electorado, perezoso y algo malhumorado. Por su parte, el secretario general socialista se estrena en el cara a cara de marras y necesita, como agua de mayo, contentar a los suyos. Cada cual a su escenario.

El presidente llegó campechano y relajado con su esposa, Elvira Rodríguez, que ocupó la principal tribuna de invitados junto a la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal. La dama presidencial, muy guapa, sobria y elegante con un traje de chaqueta oscuro. La lideresa manchega con abrigo en similares tonos y un coqueto pañuelo al cuello. «La gripe me pasa factura», decía Cospedal con una ligera afonía. Para distinguida, Soraya, espléndida con una blusa de encaje verde bajo un impecable sastre negro. La vicepresidenta fue la primera en llegar al Congreso, con su fiel escudero, José Luis Ayllón, y un montón de papeles en su brazo. «A la ‘‘vice’’ no se le pasa una», comentaba Rafael Hernando, nuevo portavoz del PP que lleva noches en vela preparando el debate. «Recuperación y ambición», este es el lema de la sesión según el caústico y mordaz diputado.

Por encima de las dos damas invitadas, Elvira y Cospedal, el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, era el más deseado. «¿Y qué hay de lo suyo? ¿Sabe ya si será candidato?», preguntaban ávidos los periodistas. Educado, cortés y resignado, González sonreía. Parece que hoy tampoco toca y que el dedo de Rajoy aún se hace de rogar. A otro presidente autonómico, el valenciano Carlos Fabra, pocos le hacían caso, pues es menos conocido en estos lares madrileños. Y al riojano Pedro Sanz, ni pararle, claro, pues éste repite y no genera expectación. De negro también, jacarandosa y habladora, Alicia Sánchez-Camacho, contundente sobre la comparecencia de la familia Pujol en el Parlamento de Cataluña: «Una falta de respeto y una burla total». Sin duda.

Entre las ministras, una estrella, Fátima Báñez, pues no en vano el empleo fue la frase más archirepetida, casi monográfica. Bastante alicaída Celia Villalobos, tras su última metedura de pata sobre el aborto, fuertemente criticada. «Con lo que larga y hoy está calladita», murmuraban sus compañeros. Entre los socialistas, muy activa Verónica Fumanal, la catalana «gurú» de comunicación de Pedro Sánchez. «Lo lleva trabajando con esmero desde hace días, va a dar la sorpresa», decía la estratega con vehemencia, que para algo le va en el sueldo. Y dolorido el portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, con un flemón de campeonato que le estaba dando el día. Encima, escoltado por la guardia pretoriana de Convergencia, algunos venidos expresamente del Senado, como el robusto y vigilante Josep María Clerís.

A mediodía, algo de relax. Rajoy y su señora se marcharon a comer a Moncloa, donde les esperaban unas judías verdes y lenguado –el año pasado almorzó verdinas– no sin antes compartir confidencias con Ana Pastor, amiga personal de Viri desde hace muchos años. «Una puesta en escena y un discurso impecable, ha pasado lo más duro y ahora ambicionamos una España mejor», afirmaba la ministra de Fomento con admiración hacia su líder. El socialista Pedro Sánchez fue también frugal y almorzó en el despacho del Congreso con su equipo, Antonio Hernando, César Luena y Juan Moscoso, entre ellos. Se les subió consomé, pechuga de pollo y abundantes latas de Coca-Cola. El secretario general del PSOE bebe mucho líquido para lubricar su garganta. El estreno no permitía gallos ni tonterías.

Ya por la tarde, las réplicas caldearon el ambiente. Las cifras, el paro, la herencia recibida y la corrupción no podían faltar. Rajoy entusiasmó a los suyos y Sánchez apaciguó a la bancada socialista. La sombra de los ausentes, Podemos y Ciudadanos, planeaba con fuerza. «¿Pero qué tienen éstos de Podemos más que encuestas y televisiones?», se preguntaban algunos diputados del PSOE sobre la formación de Pablo Iglesias. Y de Ciudadanos, la consigna popular es atacar. «Rajoy es un político ambicioso, no para él sino para España. Otros sólo quieren el poder sin pensar en su país. No llegarán». Resumen final en las filas del Gobierno y el PP, en las bodas de plata de un debate que cierra y abre etapas.