Un respeto reverencial

Ángeles Pedraza, presidenta de la AVT porque el destino le dio la puñalada más traicionera, los terroristas le mataron a su hija el 11-M, lo volvió a decir ayer en la sede de LA RAZÓN: «Memoria, dignidad y justicia». Yo añado: respeto, porque una de las formas de intentar vacunarse contra la barbarie terrorista es respetar a las víctimas y a sus familias, por lo que fueron, por lo que son y por lo que nunca serán jamás. Este periódico lo ha entendido así desde su nacimiento allá por 1998 y actúa en consecuencia, dándoles voz cuando algunos, demasiados, les negaban el pan y la sal y con un recuerdo permanente desde el 16 de julio de 2008, fecha en la que se puso una placa en memoria de todos aquellos que ya no están porque unos facinerosos decidieron que eran una moneda de cambio para conseguir no se sabe qué, pero lo que sea estaría bañado en sangre.

Ese respeto se volvió a plasmar ayer. El ministro de Interior, Jorge Fernández Diaz, el titular de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón –en 2001, alcalde de Madrid–, y la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, arroparon a las víctimas. Más allá de su obligación, es su devoción. Los representantes de las instituciones que estuvieron ayer aquí –no se puede obviar al juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, al director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa y el Jefe Superior de Policía de Madrid, Alfonso Fernández– miraron de frente tanto a Ángeles Pedraza, como a Ángeles Domínguez, Mari Mar Blanco y Daniel Portero. Por muchas razones: porque cuando las miramos no sólo les vemos a ellos, también a sus familiares que ya no están: a Miriam, a Miguel Ángel Blanco a Luis Portero, a cientos, a miles. También a los que sobrevivieron como Ángeles Domínguez.

192 personas se fueron un día tal como hoy en un acto de desconsideración irreparable. Fue y es una felonía imperdonable. 192 núcleos familiares –muchos más si se suman los heridos– se sumieron en un silencio más estruendoso que cualquier grito en una mañana que nunca tuvo que haber existido. Pero ahí está y es una necesidad tenerla presente. No sólo para que no se repita, sino con el fin de recordarnos que el 11-M a España le intentaron romper las costuras con su bien más preciado: los ciudadanos. Por eso, un respeto.